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Sábado 29 de noviembre de 2014

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Suplemento Policial

Cómo hablar de las drogas con nuestros hijos

29 nov 2014

Curso de Prevención para Padres, Profesores y Estudiantes (Nº 66) • Por: Cap. Jorge O. Saravia Jaldín

La familia ante el problema de las drogas

Cualquiera de los miembros de nuestra familia es vulnerable a tener problemas de uso o abuso de drogas. Daremos pautas básicas para que la familia, ante un caso de éstos, actúe como red de apoyo natural y tenga recursos para afrontar el tema.

El primer contacto con las drogas se suele dar de modo fortuito y casual. Está asociados a la curiosidad, la presión social ante el consumo o para hacer frente a situaciones de dificultad que surgen en la vida. En la mayoría de los casos no evoluciona hacia un consumo más habitual.

Sin embargo, si las drogas se utilizan para resolver o evadir problemas con ellas o es el elemento central de ocio, el riesgo de pasar a un consumo habitual es elevado con el peligro consiguiente de generar dependencia.

La familia juega un rol fundamental para detectar los primeros signos de cambio en la persona que toma drogas, aunque se debe tener cuidado ya que muchos cambios que podemos observar son los propios de la adolescencia. Incluso, esos indicios de consumo de drogas, no debe anticipar un diagnóstico de posible drogodependencia, ya que muchas veces se reacciona exagerando la intensidad del problema y puede ser sólo un consumo ocasional.

Si la familia sospecha que existe un consumo problemático de drogas, su actitud debe ser de: Estudiar la situación del modo más objetivo posible. Comprobar la existencia real de indicios de consumo de drogas.

Pero, ¿cuáles son estos indicios? Los signos de cambio hacia hábitos de consumo, aunque no existen signos indirectos totalmente certeros del consumo, con lo que estos indicios son indicativos y necesitamos contar con la existencia conjunta y simultánea de varios de estos indicadores, ya que la presencia de un solo indicio no indica nada, y algunos de los comportamientos que vamos a mostrar caracterizan a la mayoría de adolescentes.

Estos indicios son: Cambios notables en el aspecto corporal: adelgazamiento progresivo, color de la piel, ojeras, ojos enrojecidos, cansancio permanente, somnolencia. Falta de hábitos básicos de higiene corporal y de la ropa. Aumenta el tiempo que pasa fuera de casa.

Desmotivación en todas las áreas que antes interesaban a la persona, absentismo, bajo rendimiento. Cambios en los ritmos normales de sueño y vigilia, no debidos a causas identificables. Tendencia al aislamiento dentro de casa, no participación en actividades conjuntas y cambio en la comunicación familiar.

Desconexión de la realidad próxima. Aumento de los gastos y las necesidades económicas. Aparición de ciertas enfermedades y trastornos físicos leves, no queriendo ir al médico. Cambios en la alimentación, falta de apetito, comer fuera de horas. Uso repetido de la mentira como mecanismo habitual. Cambio de amigos/as, conociendo que éstos pueden estar asociados al consumo de drogas.

La familia, ante estos signos, debe interesarse más por esta persona, prestarle más atención en el plano humano, interesarse por sus problemas, fomentar de modo especial la comunicación y pedir consejo o ayuda a personas conocedoras del tema. Si realmente detectamos que un miembro de nuestra familia consume drogas, es importante que adoptemos una actitud positiva y serena, sin angustiarnos o culpabilizar a esa persona o a nosotros mismos.

La familia tiene un papel clave como soporte en: Facilitar que el consumidor tome la decisión de remediar su situación. Prestar el apoyo necesario si realiza un tratamiento.

“TU FAMILIA ESPERA LO MEJOR DE TI, NO CONSUMAS DROGAS”

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