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Domingo 02 de septiembre de 2018

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Revista Dominical

Los obispos y su actuación en la causa libertaria de Bolivia

02 sep 2018

Por: Edson López Aquino

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BENITO MOX? Y FRANCOLÍ. EL ARZOBISPO QUE SE ACOMOD? A LA CIRCUNSTANCIAS

Benito María Moxó y Francolí, fue uno de los primeros arzobispos en presenciar directamente una revolución en su sede. En la jornada de mayo de 1809, dos bandos estuvieron bien marcados en las disputas: La de Moxó y el presidente de la Audiencia García y Pizarro (que fueron acérrimos defensores de la monarquía española y el reconocimiento de Carlota Joaquina) y de algunos doctores de Charcas que reconocían A Fernando VII como legítimo rey. En las revueltas Moxó decide huir.

Moxó quien nació en Cataluña, fue arzobispo de la Plata desde enero de 1807, pertenecía a la Orden Real de los Caballeros de Carlos III, fue un hombre muy letrado doctorándose en Derecho Canónico y siendo Obispo Auxiliar de Michoacán en México para luego llegar a La Plata. Según Barnadas, Moxó llegó a Charcas con toda la buena voluntad y toda la inexperiencia del mundo, porque al fin de cuentas era un sabio ingenuo" Por ello, la posición del Arzobispo por su apego a las normas, a su fidelidad al rey y al orden establecido, sin importar mucho su naturaleza. Roberto Querejazú afirma que Benito Moxó se inclinó a uno y otro lado según las circunstancias

En una Carta al Presidente de la Audiencia García León y Pizarro, Moxó da su opinión sobre la situación de Charcas, llama a los indígenas como: "Una plebe dócil (?) pero esta natural docilidad es rota cuando se juntan a beber y cantar; Además el Arzobispo dice que "hombres y mujeres al son de sus rústicos instrumentos: se atrapan en las tabernas y pulperías donde se convidan y provocan mutuamente a beber con demasía hasta que inflados por la chicha y el aguardiente salen furiosos en numerosas pandillas, a correr por los barrios y cuarteles, dando gritos muy desacompasados".

Según Franz Flores Castro la visión de Moxó sobre los indios y los cholos es que carecen de ideas políticas, no tienen capacidad de ilustración, por tanto, no pueden ser el origen de un disturbio político. Si se vuelve irrespetuoso a la autoridad es porque bebe y cree en la voz de los malvados. Malvados que para el prelado vienen de Buenos Aires y de las costas, agitando en la "plebe" la idea de emancipación y desobediencia a cualquier autoridad.

Una vez vuelta la aparente calma a Charcas después de las jornadas mayas. Moxó vuelve a su silla episcopal e insistirá en el apego realista descartando los anhelos patrióticos. En 1808 en una homilía ruega por la felicidad del rey y de su familia real, así como por la salud espiritual y material de la patria. En esta prédica también dio a conocer que Dios protegió a los ejércitos españoles en las revueltas de aquellos años.

Cuando los ejércitos auxiliares llegaron a Charcas, Moxó y Francolí fue exiliado a Salta donde murió en 1816.

REMIGIO DE LA SANTA Y ORTEGA. EL ENEMIGO DE LA INDEPENDENCIA

Entre los prelados de la colonia, no existe otro arzobispo que fue enemigo "acabado" de las luchas libertarias que el Arzobispo de la Paz Remigio de la Santa y Ortega. El prelado de la contrarrevolución cuyos actos muestran con claridad que se opuso a los anhelos de libertad de los altoperuanos.

Mariano Baptista Gumucio, ubica las raíces de La Santa y Ortega en el reino de Murcia. Fue capellán del rey Carlos IV, obispo en Panamá y, luego, viajó a La Paz para hacerse cargo del Obispado en 1799.

Cuando los patriotas comenzaron la revolución el 16 de julio de 1809, de la Santa y Ortega quiso frenarlos con serias amenazas y con la excomunión de los revolucionarios. Pese a las palabras duras del prelado los patriotas siguieron con la causa. Esto fue una gran humillación para el Obispo que; además de la desobediencia de sus palabras; tuvo que dejar su cargo. El 18 de julio estuvo retenido en su casa. Unos meses después; según Baptista, se retira a Irupana.

Será en los Yungas donde el Obispo de la Santa y Ortega organizará una guerrilla para frenar a los revolucionarios. Con sendos discursos motivó a los "fieles" a tomar las armas y defender a la corona.

Una vez apagado el foco insurrecto, retornó a La Paz, con órdenes de excomunión y la condena "al fuego infernal". Pero su obra antipatriota no terminaría ahí, ya que enjuició a la imagen de la Virgen del Carmen; ya que fue nombrada patrona de la causa patriota; y condenó por rebeldía a la Madre de Dios y la confinó a dejar su templo y dirigirse a otro. Todo un escándalo para la sociedad paceña. Además, pidió a la corona quitar el rango de ciudad por su "mal comportamiento; y trasladar la Sede Episcopal a Puno.

Baptista Gumucio, confirma que, entre la segunda década del siglo XIX, murió el Obispo de la Santa y Ortega sin llegar a ocupar el cargo de Obispo de Santiago de Compostela (un premio por su actitud a favor de los realistas). Según Manuel María Pinto, el Obispo era soberbio, glotón, chismoso? no practicaba la confesión ni suscitaba obras piadosas.

FRANCISCO JAVIER DE ANDAZÁBAL. EL OBISPO CRUCE?O QUE APOY? LA REVOLUCI?N

En las primeras décadas del siglo XIX, Santa Cruz de la Sierra todavía era llamada aún como San Lorenzo de la Barranca. Una diócesis ubicada en la frontera. A diferencia de Charcas y La Paz, Santa Cruz en aquellos años era una urbe más pequeña, carente de muchas obras y algo retrasada a diferencia de las principales ciudades coloniales del Alto Perú. Sin embargo, no perdería importancia por su posición, ya que tenía una estratégica ubicación militar.

Estallado el levantamiento del 24 de septiembre de 1810, día de la Virgen de la Merced. Los patriotas cruceños deciden llamar a un cabildo abierto integrado por el cura Don José Andrés Salvatierra Chávez y el doctor Vicente Seoane que llegó de Charcas y vivió la jornada de mayo de 1809 y con la noticia de que Cochabamba se había levantado 10 días antes, Seoane decide liderar la causa libertaria en Santa Cruz.

El Obispo de aquella ciudad era Francisco Javier de Andazábal que ocupó la sede episcopal cruceña el 23 de marzo de 1807 hasta el 24 de junio de 1812 cuando llega a fallecer.

El Obispo de Andazábal tuvo que enterarse del Cabildo en el mismo momento que se lo instaló. Y según Querejazú Calvo, el prelado se adhirió al pronunciamiento libertario del día 24 de septiembre. Es posible que lo haya hecho porque la realidad de su pueblo era muy sufriente y además había seguido de cerca la independencia de las provincias de Buenos Aires y a diferencia de los obispos de La Paz y Charcas, muchas de las ideas de los criollos americanos eran de mucha coincidencia con las del Obispo.

Por ejemplo, una de las primeras decisiones del cabildo fue liberar a los esclavos negros de las panaderías y en las fábricas de adobes, esto fue visto con buenos ojos por el Obispo, además de que uno de los principales líderes era el cura Salvatierra.

En 1811 los realistas toman nuevamente el gobierno, decidiendo castigar; según las leyes españolas; a los subversivos. No existen datos concretos sobre la situación del Obispo de Andazábal hasta su muerte en 1812. Luego vendría la Sede vacante de Santa Cruz hasta 1821 donde tomaría cargo Francisco de Otondo, con una posición muy tibia ante el panorama libertario.

Muchos biógrafos de Andazábal, mencionan que el prelado influyó mucho en el grueso de la población para adherirse a la causa patriótica. Es por eso que estuvo por muchos años la sede vacante ya que la corona española quería borrar la imagen motivadora de Andazábal de la memoria del pueblo y buscar a uno que se acomode a las exigencias españolas y que no favorezca a la causa patriota.

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