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Domingo 08 de diciembre de 2013

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Cultural El Duende

EL MÚSICO QUE LLEVAMOS DENTRO

Las representaciones de la opera

08 dic 2013

Fuente: LA PATRIA

Gabriel Salinas

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Segunda parte

Una de las primeras experiencias en la producción operística en nuestro país, en el campo de la composición, es la Ópera en dos actos “Anselmo” del potosino Oscar Vallejo Ruiz que se estrenara en 1978. Aunque no contamos con un registro magnetofónico de la misma, algunos elementos de que sí disponemos nos permiten prefigurarnos el significado histórico de este trabajo, como el hecho de que Vallejo Ruiz sea al mismo tiempo guionista y compositor de la obra. Por otro lado, también es notable que se estrene en los escenarios de Potosí que a pesar de ser una ciudad con una tradición musical importante para el país, no deja de parecer un escenario un poco a contramano de los escenarios de La Paz, donde se había concentrado el único desarrollo importante del género en el país desde el estreno de “Orfeo y Eurídice” en 1972, “Aida” en 1973, “Carmen” en 1974, “Il Trovatore” en 1975, “El murciélago” en 1976, “Rigoletto” en 1977, y por último “Tosca” que se habría estrenado el mismo 1978, a tan sólo dos meses de que en los escenarios potosinos se interpretara una Ópera de autoría enteramente boliviana.

La Ópera Anselmo, entonces es un hecho particular en la historia de la música boliviana, y su trama no lo es en menor medida. Esta obra se articula alrededor de una narración de la vida cotidiana de las comunidades rurales bolivianas, donde una y otra vez la cuestión de la migración se presenta como una duda existencial que define al individuo. La ópera Anselmo se organiza en dos polos, el personaje individual del protagonista, y la comunidad como personaje colectivo que resguarda un sentido de continuidad de las tradiciones y valores de la vida anclada al trabajo agrícola del mundo rural boliviano. Es frente a esta disyuntiva entre la comunidad y el “mundo moderno” entre los cuales se debaten las elecciones de vida del propio Anselmo que en un primer momento se alejara de la comunidad para migrar a la ciudad, para luego retornar y convertirse en un jefe de la comunidad restableciendo el equilibrio que había dejado su alejamiento, pero como en un ejercicio dialéctico perfectamente alegorizado. Anselmo será un líder gracias a la experiencia alcanzada en la ciudad.

Aunque de algún modo este relato puede confundirse con un gesto del protagonista de rechazo a la ciudad y a lo que ella representa como polo del desarrollo moderno, esto implicaría un corte mecánico que invisibiliza la dinámica de las relaciones entre el campo y la ciudad bolivianos. Justamente un relato como el de Anselmo, es llamativo para una Opera, por el carácter cotidiano de su contenido, ya que las disyuntivas de la migración rural que se reflejan en la obra, son parte de la experiencia cotidiana de las comunidades, y de modo evidente constituyen la forma más clara para ilustrar el flujo entre los polos de la tradición y la modernidad que sobreviven en nuestro país; de hecho, podría afirmarse que la elección final del protagonista de retornar a la comunidad, envuelve en verdad, un gesto de apropiación, o como dijimos antes, de superación dialéctica, en tanto Anselmo enfrenta lo opuesto (la ciudad) para poder finalmente elegir el retorno, pero no sin antes verse transformado en el proceso.

Del mismo modo que esta interesante primera experiencia de una Ópera compuesta en Bolivia y puesta en escena por fuera de los primeros escenarios típicos del país, Anselmo refleja desde las entrañas de la joven Bolivia la apropiación de la tradición operística en nuestro país, que al igual que su protagonista, muestra que la experiencia del mundo contemporáneo deviene ser parte de él desde el lugar donde uno se encuentra, entonces los lazos entre tradición y modernidad se extienden, y las falsas dicotomías se desvanecen en la activa dinámica de los procesos sociales y culturales, tal como sucede con Anselmo, y tal como sucede con la Opera en Bolivia.

Fuente: LA PATRIA
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