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Domingo 01 de noviembre de 2015

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Revista Dominical

Día de los santos, los difuntos y los chullpares

01 nov 2015

Por: Mario Medina Alarcón - Artista plástico e investigador de obras de arte

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Es necesario aclarar que el Día dedicado a Todos los Santos es el 1º de noviembre, instituido por Gregorio III (731-791) consagrando una capilla en la Basílica de San Pedro de Roma, fijando como aniversario de todos los santos a esta fecha, de esta manera Gregorio IV extendió esa celebración en toda la iglesia, vale decir, que se incluye a todos los santos que viven aun corporalmente.

Sin embargo, el 2 de noviembre el monje benedictino San Odilón estableció oración por los difuntos llamándolo "Conmemoración de los fieles difuntos", extendiéndose posteriormente a otras congregaciones, en consecuencia está dedicado exclusivamente a aquellos que ya han muerto corporalmente, pero que tienen la esperanza de la resurrección. Y de acuerdo a la Iglesia se dice que se debe honrar a los difuntos con misas de réquiem.

En nuestro medio, especialmente en Bolivia, por influencia de la Iglesia Católica, llegada desde España, traen consigo ciertas costumbres, donde no se hace una diferencia entre el día de los santos y los difuntos.

En consecuencia, por tradición en nuestro medio, el día 1º de Noviembre a horas 12:00 se recibe a los difuntos preparando unas tumbas en la zona altiplánica y altares en la zona de los valles, cada uno con sus características. En ambos casos en esta fecha se espera con la "Bienvenida" que consiste en organizar la tumba con una serie de pisos, mayormente de tres niveles o el altar que es una mesa horizontal, cuya cabecera está formada por un solo piso.

Los altares y las tumbas se cubren con mantelería negra o morada para las almas mayores y mantelería blanca para los niños o jóvenes, en la cabecera se ubica un crucifijo y en segundo plano la fotografía del difunto.

En los espacios correspondientes a la mesa se ubican las "Ofrendas" que consisten en panes con distintas formas como escaleras, bizcochuelos, maicillos, suspiros "T´anta wawas" con iniciales del nombre de difunto, búhos, caballos, llamas; comidas que gustaron al alma en vida, una sopa de maní, refrescos, especialmente chicha de maní y agua, colocados en vasos a los que se introducen una paja que sirve como especie de sorbete por el que las almas puedan absorber el líquido, cañas de azúcar, diversas frutas, cebollas con su "tucuru", panales, guirnaldas, y cintas o cadenas de color morado, canastitas de azúcar y colorantes, en la parte al pie de la mesa se ubican flores especialmente la retama. Cada uno de estos elementos tienen su significado particular.

Frente a las tumbas o altares se establecen los personas que visitan para rezar por el alma que se encuentra presente, un padre nuestro, tres avemarías y algunas veces el credo; otras veces un grupo de niños canta a coro bajo la conducción de un director que sabe una serie de versos adecuados para la fecha.

En compensación, los dolientes les retribuyen con panes, masitas y refrescos.

Ceremonia que dura hasta el día 2 de noviembre y a horas 12 del día, cuando se realiza el "despacho" o despedida levantando estas tumbas o altares, previa elevación de oraciones a las diferentes almas que se recuerdan, primero los familiares y posteriormente los parientes fallecidos finalizando la oración para las "almas olvidadas" es decir para todas las almas en general.

Se reparten todas las ofrendas a las personas presentes, y luego los dolientes se dirigen al cementerio llevando las flores, algunas veces restos de panes que sirven de remuneración para los "reciris" o personas y niños que rezan.

Por lo descrito, podemos colegir que el Día de los Difuntos pareciera tener cierta relación con los "ajayus" aymaras precolombinos, especialmente con los chullpares que son torres funerarias construidas especialmente para albergar o enterrar a los restos mortuorios de los mallkus o personalidades de la nobleza aymara o incaica. Es más, cuando en el área rural o zonas periurbanas citadinas se siguen ciertas costumbres que tienen mucha relación con las tradiciones precolombinas especialmente con la recordación de las almas, formando de esa manera una síncresis religiosa entre el aymara y la religión católica.

Indudablemente, el objetivo de estos chullpas era proteger el cuerpo para recibir cierta veneración y fervor de sus familiares, además en la zona andina servía para fortalecer los lazos familiares de los allegados a las personas que están enterradas, es más, cuando a su alrededor se reunía a la comunidad, tal como ocurre en nuestros medio en el Día de los Difuntos.

Estas construcciones se erigían sobre cistas cavadas en tierra, en las cuales se colocaban los cuerpos en posición fetal las que se introducían en bolsas de cuero de llama, envueltos en paños tejidos o en sacos de paja trenzada, de la misma manera se rodeaban junto a este cuerpo los bienes personales, donde se incluyen comidas y bebidas de preferencia del fallecido.

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