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Domingo 03 de marzo de 2013

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Cultural El Duende

Gastón Cornejo Bascopé:

Adela Zamudio o la SOLEDAD combativa

03 mar 2013

Fuente: LA PATRIA

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EL POEMA QUE EXCITÓ LA EXCOMUNIÓN

Después de visitar el Vaticano y sus tesoros adquiridos en culturas del mundo entero, saber del banco y otros réditos, evoco con emoción el poema QUO VADIS de “SOLEDAD” la gran poeta boliviana cochabambina DOÑA ADELA ZAMUDIO, a quien excomulgaron por esta poesía y por salir en defensa de la educación laica. Para que llegue al gran teólogo de la Liberación, el Maestro LEONARDO BOFF, un poema que tiene plena vigencia.

¿QUO VADIS?

Sola, en el ancho páramo del mundo,

sola con mi dolor,

en su confín, con el estupor profundo

miro alzarse un celeste resplandor:

es ¡Él! Aparición deslumbradora

de blanca y dulce faz,

que avanza, con la diestra protectora

en actitud de bendición y paz.

Inclino ante Él mi rostro dolorido

temblando de ternura y de temor,

y exclamo con acento conmovido:

¿A dónde vas Señor?

La Roma en que tus mártires supieron

en horribles suplicios perecer

es hoy lo que Los Césares quisieron:

emporio de elegancia y de placer.

Allí está Pedro. El pescador que un día

predicó la pobreza y la humildad,

cubierto de lujosa pedrería

ostenta su poder y majestad.

Feroz imitador de los paganos,

en Santo Inquisidor

ha quemado en tu nombre a sus hermanos...

¿A dónde vas Señor?

Allá en los templos donde el culto impera

¿Qué hay en el fondo? O lucro o vanidad.

Cuán pocos son los que con fe sincera

te adoran en espíritu y verdad

el mundo con su sangre redimida

veinte siglos después de tu pasión

es hoy más infeliz, más pervertido,

más pagano que en tiempo de Nerón.

Ante el altar de la Deidad impura,

huérfana de ideal, la juventud

contra el amor del alma se conjure

proclamando el placer como virtud

las antiguas barbaries que subsisten,

solo cambian de nombre con la edad:

la esclavitud y aun el tormento existen

y es mentira grosera la igualdad

¡Siempre en la lucha oprimidos y opresores!

De un lado, la fortuna y el poder,

del otro, la miseria y sus horrores;

y todo iniquidad... Hoy como ayer.

Hoy como ayer. Los pueblos de la tierra

se arman para el asalto y la traición,

y alza triunfante el monstruo de la Guerra

su bandera de espanto y confusión.

Ciega, fatal, la humanidad se abisma

En los antros del vicio y del error.

Y duda, horrorizada de sí misma...

¿A dónde vas, Señor?

Este poema tiene 13 estrofas muy fuertes, sonoros y ardientes que se forman en una disciplina cruda y acusan a la iglesia católica de crueldad, hipocresía y perversión. Cochabamba se quedó espantada. El estupor fue grande. Matronas de la sociedad, las más sensibles que habían visitado en el Vaticano al Sumo Pontífice (LEON XIII) y que habían regresado cautivadas por la modesta sencillez de su trato, vertían lágrimas en sus ojos al leer Allí está Pedro cubierto de lujosa pedrería

La interpretación literaria que se le puede dar a este poema es como un grito de insatisfacción humana por un corazón solitario ante el aparente naufragio del espíritu cristiano que no logra detener la desigualdad social, el crimen de las guerras ni la vanagloria humana. Denuncia la INIQUIDAD EXISTENTE y LA DESESPERANZA DE SU REBELIÓN IMPOTENTE.

“Soledad” continúa cierta y vigente. Se le llora ausente pero jamás perdida.

POR UNA ENFERMA

Otro tema de Adela Zamudio fue la famosa polémica con el Monseñor Pierini cuando “Soledad” oficiaba de Quijote de la Mancha en Cochabamba. Entonces le avisaron del tema de “SOR LIRIO”, LA MONJA Josefa Bascopé, mi pariente lejana en ancestro que perdió la cordura y entró en psicosis luego de haber ingresado en el claustro de Santa Clara en Cochabamba. Las monjas la “tapiaron” hasta la muerte. Tejió con sus cabellos un velo.

Don augusto Guzmán, el escritor de Cochabamba, en su trabajo literario sobre doña Adela Zamudio, refiere “que el año 1914, dos hechos tienen carácter relevante por encima de su condición de maestra: un ensayo y una denuncia: el primero fue Temas Pedagógicos, donde la escritora imprimió su voluntad y experiencia de docente, sobre todo en principios éticos y morales a partir del tercer grado de la escuela primaria, dirigido particularmente a las niñas: la teoría de formación de la conducta, “y las condiciones a favor de las cuales la futura madre podrá guiar su bajel con mano segura”.

Pero donde don Augusto imprime el sello de la importancia literaria es en la descripción y transcripción del artículo titulado “POR UNA ENFERMA” argumentando lo que sigue:

“Pasaron los meses de abril y mayo del año 14. Y otra vez, como el año anterior, doña Adela Zamudio sacude el ambiente calmo y tibio de la ciudad, desde las columnas de “El Heraldo”, con un artículo sensacional sobre el caso de la monja Josefa Bascopé, enloquecida en su encierro en el convento y reducida a la más baja miseria humana.

Como pieza periodística “Por una Enferma”, es una de las crónicas más fuertemente dramáticas y acusadoras que se haya escrito nunca en Bolivia. La intensidad del relato no disminuye la elevación generosa de los pensamientos. El tema real fue tratado con galanura y preocupación literaria, al punto que su valor argumental y su expedición narrativa, son en todo semejantes a los de un cuento realista, de esos que la autora los sabía componer airosamente. No sólo la verdad brilla con fulgores de diamante en esas líneas; en cada párrafo hay un clamor desesperado que llama a la justicia; un corazón desgarrado que sangra de caridad profunda como de compasión personal, entrañablemente sincera. Reproducimos el artículo con pequeñas reducciones que no comprometen su fuerza ni su sentido.”

Bajo la cúpula azul de nuestro hermoso cielo, se alza, soberbio, el edificio nuevo destinado a las monjas clarisas. Las treinta celdas del piso principal, ventiladas por elegantes puertas y ventanas ojivales, constan, cada una, de una alcoba espaciosa y una pieza de recibo…Celdas privilegiadas, de cuyas ventanas se contempla el majestuoso paisaje de la montaña: sus azuladas cumbres y sus vertientes engalanadas de vegetación.

El armonioso conjunto de esas arcadas góticas, los vastos patios, que serán en breve convertidos en jardines, deberían sugerir al pensamiento ideas de vida, de actividad y resurgimiento; mas no es así.

El gran silencio y la gravedad solemne del edificio, dominan el espíritu que, sin quererlo, evoca una visión: la imaginación se representa al grupo exiguo de religiosas que hoy constituye la comunidad; las ve avanzar por aquellas galerías arrastrando pesadamente sus oscuras vestiduras, subir las escaleras y llevar a todos los rincones la abrumadora monotonía de sus estrechas reglas. Al este de los claustros, subsiste una fracción de la antigua huerta del monasterio. Al pie de los frutales, entristecidos por el invierno, sonríe la frescura de algunos surcos de hortalizas. Al centro, un grupo de añosos olivos ostenta el ceniciento verdor de su ramaje cubierto de frutos. A su sombra bullen las aguas clarísimas de un surtidor de cal y piedra, medio derruido, cuyo murmullo melancólico ha arrullado los fúnebres ensueños de las religiosas durante tres siglos.

Al sud de la huerta se ve una pequeña construcción, apartada del cuerpo del edificio, de 20 metros aproximadamente… ¿Es pues verdad que en pleno siglo XX existe alguien que sufre un cautiverio semejante a los de remotas barbaries? Si no es verdad, ¿cuál el objeto de dicha construcción? El cuarto bajo deja espacio a un pasillo que conduce a la maciza puerta que resguarda el diminuto patio…

En una de sus hojas ha sido practicada una incisión semicircular, especie de mirilla cuya portezuela, cerrada con llave, al ceder el pestillo se coloca en posición horizontal dejando un hueco preciso al plato que contiene el sustento de la emparedada, la cual por la poca altura del agujero, no puede ver el rostro de quien se lo alarga. La pieza del piso bajo, da a un bonito corredor que mira a la huerta. ¡Oh contraste humano! Cuarto y corredor exteriores se hallan destinados a los días de campo de la comunidad. Por poco ruidosas que esas fiestas sean, sus ecos llegarán hasta la solitaria, recrudeciendo las agonías de su aislamiento.

Al penetrar en ese patiecillo se siente el calofrío del pavor, mezclado a la angustiosa sensación de lo inevitable. La barandilla del corredor es demasiado baja y sugiere esta pregunta: En un acceso de desesperación, ¿no será facilísimo que se arroje al patio?...Sus gritos no turbarán el sueño de las religiosas que se hallarán bastante lejos, y ansiosa, ensangrentada pasará, quien sabe cuántas horas sin más auxilio que la helada caricia de la noche… que no será aún la noche de su miserable vida, porque los desgraciados tardan en morir.

Desde el momento en que por el engaño o por la fuerza fue introducida en ese recinto, el universo quedó reducido para ella a esas cuatro paredes y el pedazo de cielo que alcanza a ver sobre su cabeza. ¡Una cárcel dentro de otra cárcel! Una tumba dentro de otra tumba!... Últimamente la enferma desenladrillaba su celda para plantar en ella todas las flores que llegaban a sus manos…esa pequeña ternura por los vegetales ¿no indica que su espíritu es todavía susceptible de curación? ¿Qué es pues, sépalo el público por fin, qué es la hermana Josefa? Si es una religiosa debería tener un puesto al lado de sus hermanas, en el claustro, en el coro, en el refertorio. Si es una enajenada, ¿por qué no intentar su curación fuera del claustro? Si es una criminal, existe un ministerio público que puede juzgarla. ¡Criminal! Criminal es la sociedad que no ignora sus ansias de catorce años y se contenta con oírlas referir. Todos la vimos radiante de juventud y de belleza, la corona simbólica en las sienes, serena y resigna como la virgen druida al embarcarse hacia la isla terrible de los sacrificios… Un año después, en su profesión, la encendida frescura de sus mejillas había huido y su rostro, de perfecta belleza, sólo expresaba suprema resignación. Sus amigas recuerdan que al darle su despedida, se vio obligada a apoyarse para no caer. ¿Era el presentimiento de su pavoroso destino?

Todos sabemos que la mujer honesta y desdichada que le dio el ser, próxima a morir, en hora aciaga, espantada ante el espectro de la miseria que amenazaba a sus tiernas hijas, imploró la caridad de una amiga, la cual, temerosa de los peligros del mundo, indujo a la pobre niña de 17 años a tomar el velo, y que ésta se decidió por no disgustar a la protectora de sus hermanitas. Hoy tiene apenas 31 años; le quedan muchos aún, sin otra esperanza que la calma indolente de la demencia.

En momentos de crisis, figurándose que mascaba sus cadenas, ha mascado furiosa cuanto objeto duro o cortante tenía a su alcance, y hoy, desgranadas las perlas de su boca, ésta no es más que un agujero sangriento. Nada más horripilante que el presente que hizo a una hermana suya que consiguió hace poco despedirse de ella al ausentarse del país. Muchas personas lo han visto. Los dedos estremecidos se niegan a tomarlo. ¿Qué es? Un velo. Un finísimo velo de color sombrío. Arrancando una por una las fibras de su cabellera ha tejido un velo… ¡Cuántas lágrimas de amargura insondable habrán vertido sobre ese trabajo, no con los ojos de la enferma, que ya no lloran, sino los de esa hermana infeliz?

Su suerte inicua ¿fue inevitable? ¿Quién es culpable de ella? ¿Son ellas, las otras enclaustradas, algunas de las cuales padecieron las mismas agonías y reprimieron los mismos impulsos? ¿Quién puede asegurar que iniciada la idea de libertarla, no la aceptarán quizá con alegría? El cobarde egoísmo con que la apartan de sí no es más que el resultado de un régimen de vida despejada de afán y de luchas generosas. Vida en que la abnegación no tiene razón de ser. Es entonces ¿la institución? Como origen sí, pero no por una absoluta prohibición de todo remedio. No hace muchos años que un padre visitador envió a su casa a dos profesas del mismo convento, por razones menos graves y apremiantes que la presente. ¿Será la justicia pública que no concede importancia a este doloroso asunto? Nadie ha podido explicárselo. Bien sé que todos estos renglones no pudiendo ser desmentidos, serán públicamente anatematizados; bien se que cierto fanatismo calculador, que ahoga en el pecho los impulsos naturales y detiene a los ojos las lágrimas por sujetarse a conveniencias, se estrellará otra vez contra mí y me cubrirá de improperios. No me hacen mella. Si estos renglones mueven a alguien; si consiguen un cambio favorable en la existencia de la pobre enferma, los bendeciré y será el único triunfo de mi vida.

La alarma repercutió en todos los sectores y se abrió el debate en la prensa. Intervino el ministerio público igualmente escandalizado; pero la marea alta bajó prontamente y sobrevino la calma. Después de todo no había qué hacer con la infeliz reclusa. Los médicos Aurelio Meleán Camacho y Landívar, nombrados por el fiscal para examinarla, informaron al final que en efecto la monja estaba loca, presa de manías eróticas y místicas; además atacada de accesos furiosos, “el carácter incurable de la enfermedad nos impulsa a declarar que el estado actual de la reclusión y el tratamiento al cual está sometida la enferma, se hallan conformes, con las prescripciones aconsejadas por la ciencia moderna”. El informe médico legal de ambos galenos fue refutado por periodistas que reclamaban la salida de la enferma a una casa de salud en el exterior y a costa de la comunidad.

“Doña Adela no insistió. La monja siguió en el convento. Y a poco se libró de todo, al aparecer una mañana, muerta, en su retiro, donde la luz de la vida consciente se había apagado muchos años antes.”

Comentario de Gastón Cornejo Bascopé: En 1914, el estado de enajenación mental o “Psicosis” no conocía otro tratamiento que la reclusión pero en condiciones sanitarias, es decir en alojamiento digno, jamás de emparedada. La fisiología de las funciones renal y digestiva han debido continuar normales. Imaginemos cuál sería el estado de su condición física y el deterioro humano de la enferma. Deplorable y cruel. Una nutrición deficiente ha debido llevarla a una desnutrición avanzada y caquexia finalmente mortal, seguramente agravada por enfermedades intercurrentes como tuberculosis u otro grave padecimiento.

¿Cuál sería su vestimenta y cuales las condiciones de higiene diarios? ¿Por qué no se solicitó apoyo médico que entonces ya existía en Cochabamba?

Los dos médicos que intervienen a solicitud del fiscal están totalmente errados en el diagnóstico y el tratamiento. Aurelio Meleán Camacho formado en Alemania donde existía toda una escuela al respecto, falló en su procedimiento y certificación.

De Landivar no se tiene constancia de su presencia histórica como médico especialista, tampoco su existencia como galeno en ese entonces. Más bien, el Dr. Adrián Trigo, especialista neurólogo y psiquiatra, fue quien en alguna oportunidad me comunicó la atención a una enferma mental de apellido Bascopé encerrada en algún convento de claustro. Él utilizaba el electrochoque desde su llegada de Francia pues era formado en la Sorbona de París.

Gastón Cornejo Bascopé. Médico cirujano.

Fue Presidente de la Sociedad Boliviana de Escritores

Fuente: LA PATRIA
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