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Domingo 24 de noviembre de 2019

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Revista Dominical

Retrato del "pintor de la revolución":

El muralista boliviano cuyas obras fueron destruidas por un dictador

24 nov 2019

Fuente: Por: Diego Rojas Infobae

Miguel Alandia Pantoja renovó el muralismo latinoamericano y se ganó la admiración del mexicano Diego Rivera. Fundador de la Central Obrera Boliviana y militante socialista, su arte, de alto contenido político y social, refleja el espíritu de una época de luchas. Muchas de ellas fueron demolidas por el general Barrientos.

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¬ŅQu√© delito habr√° cometido un artista para que el Estado destruya sus obras? Aunque suene incre√≠ble, as√≠ sucedi√≥ con cuatro murales realizados por Miguel Alandia, uno de los m√°s importantes pintores bolivianos del siglo XX. Con la demolici√≥n de cuatro murales ubicados en edificios estatales y plazas p√ļblicas, el dictador Ren√© Barrientos dio su opini√≥n promediando la d√©cada del 60, con topadoras, sobre el arte comprometido. Es que Alandia era conocido en todo el pa√≠s como "el pintor de la revoluci√≥n". Mote que no se alejaba, por cierto, de su historia personal.

Hab√≠a nacido en una regi√≥n minera en donde los trabajadores comenzaban a organizarse sindicalmente y fue testigo de ese proceso hasta que, como conscripto, fue enviado a la zona oriental del pa√≠s como parte de las fuerzas que enfrentaban b√©licamente a Bolivia y Paraguay. Se ha dicho que esa guerra, llamada Guerra del Chaco, respond√≠a no a intereses nacionales, sino que estaba financiada por dos pulpos empresariales extranjeros que se disputaban la regi√≥n del petr√≥leo. Alandia fue hecho prisionero y fue sometido a trabajos forzados en Paraguay durante un a√Īo. M√°s tarde pintar√≠a un autorretrato llamado Prisionero de guerra, que da cuenta de su experiencia.

Hab√≠a nacido en una regi√≥n minera en donde los trabajadores comenzaban a organizarse sindicalmente y fue testigo de ese proceso hasta que, como conscripto, fue enviado a la zona oriental del pa√≠s como parte de las fuerzas que enfrentaban b√©licamente a Bolivia y Paraguay. Se ha dicho que esa guerra, llamada Guerra del Chaco, respond√≠a no a intereses nacionales, sino que estaba financiada por dos pulpos empresariales extranjeros que se disputaban la regi√≥n del petr√≥leo. Alandia fue hecho prisionero y fue sometido a trabajos forzados en Paraguay durante un a√Īo. M√°s tarde pintar√≠a un autorretrato llamado Prisionero de guerra, que da cuenta de su experiencia.

El suceso fue fundamental para el fortalecimiento de sus ideas pol√≠ticas, que cristalizar√≠a al convertirse en militante del Partido Obrero Revolucionario, una organizaci√≥n trotskista que hab√≠a influenciado a los mineros para que votaran en 1946 las Tesis de Pulacayo, documento que marcar√≠a los debates pol√≠ticos de las d√©cadas siguientes y que es una traspolaci√≥n del Programa de Transici√≥n escrito por Le√≥n Trotski a la realidad de la naci√≥n andina. Con esos pertrechos, Alandia fundar√≠a el Sindicato de Artistas, uno de los n√ļcleos del debate intelectual de aquellos a√Īos. Mientras tanto, afianzaba su predilecci√≥n por el muralismo.

"Creo que la pintura mural es la pintura del futuro, no s√≥lo por ser monumental y expresar las esperanzas de las amplias masas, sino tambi√©n porque la transformaci√≥n de la sociedad impone que se exprese de forma monumental -declar√≥ Alandia unos a√Īos despu√©s acerca de los fundamentos de su decisi√≥n est√©tica-. La pl√°stica expresa el sentimiento democr√°tico y humano de la sociedad en su conjunto, o sea, que la pintura mural debe sustituir en el futuro a los peque√Īos museos en que hoy se conservan las obras de los grandes maestros del pasado. Mi mayor placer es siempre pintar murales, lo que no me impide hacer pintura de caballete".

Cuando en 1953 el presidente Víctor Paz Estenssoro invitó al muralista mexicano Diego Rivera a conocer Bolivia luego de la revolución de 9 de abril de 1952, le mostró los murales que Alandia había pintado en la Casa de Gobierno (conocida como el Palacio Quemado) y Rivera dijo: "Su obra es un claro ejemplo de que nuestro movimiento ha trascendido hasta convertirse en el instrumento de los creadores que producen junto a su pueblo. (De Alandia) habrá de sorprender su grandilocuencia, esa expresión trágica cargada de elementos grotescos, chillantes, descomunales".

Pero volvamos hacia atr√°s. En 1952 la situaci√≥n boliviana era insostenible. El gobierno de "la Rosca" (as√≠ era conocido por responder directamente a los intereses de los grandes empresarios mineros, los as√≠ llamados "Barones del esta√Īo") hab√≠a anulado las elecciones que hab√≠a ganado el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) con Hern√°n Siles Suazo y el dirigente minero Juan Lech√≠n a la cabeza, e instaurado una junta militar para ejercer el poder. Sin embargo, las huelgas y protestas se extend√≠an en todo el pa√≠s y en particular en el altiplano minero.

El 9 de abril, el partido nacionalista MNR anunció un movimiento militar al que adhirieron militares de esa tendencia para lograr la instalación del grupo vencedor en las elecciones en el poder. Sin embargo, el comando central del levantamiento quería quedarse en el gobierno con su plantel militar. Los comandos civiles asaltaron y tomaron cuarteles y arsenales y pronto los mineros tenían guardias armadas combatiendo con fusiles y cartuchos de dinamita. Las batallas duraron dos días hasta la derrota física del ejército y se cobraron más de 500 vidas.

Cuando Miguel Alandia Pantoja vio las milicias armadas de obreros en las calles, dejó el caballete en su estudio, tomó un fusil de su armario y salió a las calles a combatir. El máximo dirigente del POR Guillermo Lora se encontraba en una reunión internacional en París y el partido se encontraba bastante desorganizado. Alandia tomó el fusil, las Tesis de Pulacayo y se dirigió adonde se encontraba el centro de los disturbios. Luego tomó contacto con Lechín (que había sido un militante secreto del POR) y juntos decidieron fundar la Central Obrera Boliviana, que aglutinaría a los sindicatos del país, con los mineros adelante. El levantamiento triunfó. Siles y Lechín se instalaron en el Palacio Quemado hasta que llegó de su exilio en Buenos Aires Víctor Paz Estenssoro (tío de la ex diputada argentina María Eugenia Estenssoro) y se hizo cargo del gobierno.

Su agitada vida como muralista y como militante se conjugaban todo el tiempo. Cuando en 1964 el militar Ren√© Barrientos derroc√≥ al gobierno del MNR, decidi√≥ barrer con la memoria de las obras del muralista Miguel Alandia. Su mural Lucha del Pueblo por su Liberaci√≥n, Reforma Educativa y Voto Universal fue cerrado 31 a√Īos, hasta 1995. Historia de la Mina, Historia del Parlamento boliviano y Hacia el mar fueron destruidos por completo. Aunque parti√≥ al exilio en Per√ļ, Alandia no dej√≥ de pintar ni de militar en el POR.

En los estertores del gobierno golpista volvi√≥ a su pa√≠s y en 1971, como l√≠der del Sindicato de Artistas, form√≥ parte de la Asamblea Popular, un √≥rgano de poder in√©dito en la historia latinoamericana, de la que fue uno de sus grandes animadores, a la vez que secretario de Milicias Populares, ente que se encargaba de armar a obreros y estudiantes. Otro golpe militar, esta vez dirigido por Hugo Banzer, lo llev√≥ nuevamente al exilio. Muri√≥ en 1975. Unas semanas despu√©s, sus restos fueron inhumados en La Paz, con un cortejo que parti√≥ con miles de asistentes de la Federaci√≥n de Mineros que, seg√ļn testigos, gritaban las consignas: "¬°Alandia sigue vivo! ¬°Alandia es inmortal!" Quiz√°s sea una de las despedidas m√°s masivas, sentidas y populares (por n√ļmero y extracci√≥n social) que haya tenido un artista en todo el continente.

En 1965, el dictador Barrientos hab√≠a decidido eliminar f√≠sicamente a los l√≠deres mineros, sobre todo trotskistas, que ten√≠an a√ļn gran influencia sobre los obreros. C√©sar Lora e Isaac Camacho pasaron a la clandestinidad y realizaban su trabajo pol√≠tico sindical en los t√ļneles de las minas. Una noche salieron para trasladarse a otra ciudad. Fueron delatados por el hombre que les vendi√≥ las mulas. Los militares les dieron caza, los alcanzaron y asesinaron.

Al conocer las noticias, Miguel Alandia, que conoc√≠a cercanamente a las v√≠ctimas, se encerr√≥ un d√≠a y al salir hab√≠a realizado su pintura Testimonio, en homenaje a los asesinados. Se trata de un minero gigante, compungido, en duelo, que lleva en sus manos un cad√°ver (mucho m√°s peque√Īo que √©l). En estos d√≠as, se difundi√≥ el video que muestra a una mujer campesina que, al ver a su hijo muerto por la represi√≥n en el tr√≥pico cochabambino, le gritaba: "Despi√©rtate, papito, despi√©rtate". Quiz√°s haya nexos que unan este hecho de la realidad con una obra que vuelve a la vida de los bolivianos una y otra vez.

Fuente: Por: Diego Rojas Infobae
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