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Domingo 26 de junio de 2011

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Revista Dominical

Laura de La Rosa, creadora del Parque de la Unión Nacional

26 jun 2011

Fuente: LA PATRIA

Por: Marlene Durán Zuleta - Poeta, escritora y compositora

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Laura de La Rosa Tórrez, fundó la Liga Filial Oruro, para realizar actividades culturales y motivar en los jóvenes de los años treinta, veladas literarias, tertulias musicales, todo lo relacionado con el arte y los valores morales. El trabajo que desempeñaba como voluntaria era elogiado, sin embargo en ese espacio, un suceso marcó para siempre la vida de los bolivianos, era el llamado a la guerra, el cual generó patriotismo y sacrificio.

“Mi Visita a las Trincheras y Zanjas del Velo”, es el diario escrito por Laura Graciela de La Rosa Tórrez, protagonista del Primer Centro Femenino de Bolivia, hizo campaña y otras Instituciones allegadas a la mujer se unieron y se trasladaron junto a otros grupos del país, precisamente al Chaco. Fue Directora de la revista “Feminiflor”. Declaraba: “La futura grandeza y prosperidad de la Patria dependen de la ilustración de la mujer”.

Su obra es testimonio de la contienda, estuvo en la zona de fuego, junto a Daría de Lora, la Dra. Elia Chopitea, Alicia Téllez, Elena de Frías, María Pacheco v. de Marión, Beatriz de Osorio, Elena Ostria, Luz Moscoso v. de Álvarez, Carmen Ortiz, Lidia Álvarez, Alicia Trigo Pizarro, Nelly Piñeyra, Rosa Azurduy, Nena Voltaire, Daysi Lea Plaza, unidas se acercaron al peligro y entregaron al soldado boliviano además de muestras de solidaridad, también medicamentos y víveres, ellos, hombres del área rural y citadinos no comprendían su permanencia en las arenas del Chaco.

La Liga estaba compuesta por: Adela Tezanos Pinto, Olga Noya, Enriqueta Elías, Elsa Mendizábal, Moty Angulo, Aurora Ibáñez, Blanca Mendoza, Sofía Sarti, Frida Sologuren, Olga Moller, Esther Fierro, Teresa Encinas, Mary Herrero, Elsa MacLean, Alicia Alexander, Elena Chopitea, Natty Noya, Angela Chopitea, Marina Lavayen, Laura de La Rosa, Blanca Lora, Elsa Sologuren, Elvira Lizarasu, Inés Yáñez, Leonor Ramírez, Esther Fierro, Rosa López, Benigna Urquidi, Blanca Lora, Eulogia Taborga, Carmela Delgado, Elvira Arellano, Carmen Dulcik, Nelly López, Rebeca Sánchez, Mary Mier, Mercedes Terán, Celia Campuzano y Hortensia Fernández.

El ensayo está dedicado a sus hermanos Alberto, Arturo y Raúl que estuvieron desde el comienzo en la campaña y Jorge fue prisionero en la Escuela Militar de Aviación de Campo Grande en Asunción.

Laura fue el pilar de la Liga Filial Oruro, era palabra que describía la historia con sentimiento puro, su sensibilidad por el dolor de nuestros soldados, el drama de estar bajo un cielo incandescente con limitaciones de agua y fuego cruzado por el enemigo, generaba reflexión.

La presencia de la mujer orureña fue aliento de patriotismo para el soldado boliviano en el campo de batalla. Fueron madrinas, enfermeras, monjas y personal de servicio que en todo momento alentaron con palabras de ternura y amor fraternal.

La Guerra del Chaco y mi Visita a las Trincheras y Zanjas del “Velo”, es un diario de viaje a la contienda bélica. Describe los sucesos, las posiciones de la retaguardia, los fortines. Fue la única delegación que se presentó uniformada con trajes de bayeta de la tierra y guardapolvo de kaki, como señalaba el instructivo.

Al retorno de la comitiva, Laura de La Rosa lee un informe en el salón de honor de la Universidad Técnica de Oruro, “Agradecemos a los Ministros de Estado en los Departamentos de Guerra y Defensa, señores Quiroga y Echenique, al Inspector General de Sanidad Dr. Herzog y a las autoridades civiles y militares que permitieron trasladarnos a la zona de operaciones. Salimos dos comisiones: La Cruz Roja de Sucre y Liga Filial de Oruro en una góndola, algunos desperfectos inmovilizan al vehículo y nos cambian a un camión. Llegamos a Tarija, las bellas mujeres se dedican con toda el alma y atienden a nuestros enfermos, restañar la gloriosa sangre de nuestros heridos, héroes que la suerte ha querido que sean ellas las últimas en despedirlos y las primeras en recibirlos”.

“Visitamos los hospitales militares, en uno de los pabellones fuimos dolorosamente sorprendidas con una capilla ardiente donde se velaban los restos mortales del valiente y heroico teniente D. Rosendo Bullaín Renjel, debía ser sepultado ese mismo día, en un suelo que no era el suyo. Pedimos colaboración el Crl. Alcoreza y esa misma tarde fue trasladado a la cinco de la tarde el bravo Teniente para ser sepultado en Oruro, la tierra que lo vio nacer”.

Es un descargo de conciencia sacarla del baúl del olvido, resumo su lealtad y su apoyo leal hacia el prójimo, quiero perpetuarla en estas líneas. Fue nombrada Heraldo del Ejército por su enorme aporte a la Nación durante la contienda bélica de la Guerra del Chaco. Al cese de hostilidades trabajó ad-honorem, disponiendo su casa para el funcionamiento de la Escuela Luis Llosa (nombre del joven soldado que no regresó a Oruro, murió defendiendo el honor de nuestro territorio), institucionalizó para que los mejores alumnos, hijos de los guerreros de la Patria puedan gozar de sus vacaciones en el Balneario de Poopó.

Hay que destacar que existía división en las ciudades de Bolivia, precisamente porque en el campo de batalla se percibía malestar entre los mismos militares. A su retorno convocó a un Congreso Nacional de las Regiones, solicitando a las asistentes traer una bolsa de arena. La idea era plantar un árbol en el lugar que se denominó “El Parque de la Unión Nacional” En la actualidad ninguna calle o parque lleva su nombre, cometiéndose una injusticia para quien dio todo y no pidió nada.

Este deber moral de romper el silencio y evocar a través de la palabra el camino de Laura; he escudriñado todo lo valioso que obró sin retaceos, para hablar de sus memorias, del ocaso que el tiempo pasó. Su entrega a la vida por servir, es digna de enaltecerla y me siento honrada de encender su imagen porque al pasar por este tránsito de vida, ofrendó la abundancia que poseía, llena de fe perdió al compañero cotidiano, tejió en su vida un capítulo del génesis y justificó su quimera en una canción de cuna para un ímpetu que no valió la pena. Jamás se rindió, su afán como albor, sublime en su infinito amor por los demás, favoreció a quienes necesitaban de ella.

Pensaba en el feminismo boliviano: “Día llegara en que triunfe el feminismo, no ese feminismo batallador y político, sino el verdadero feminismo consciente de deberes y derechos que coloca a la mujer en el verdadero puesto que a ella le corresponde”.

En el ocaso de su vida, confesó que su obra debió haberse impreso en Oruro, las críticas que recibió fueron haber denunciado que la correspondencia recibida era almacenada en un depósito de Villamontes, siendo muy pocos los soldados que recibían noticias de parte de su familia ¿Porqué actuaron así los militares? Nunca se supo.

Laura virtud, fue humildad, sencillez. Su vocación “era servir antes de pensar en sí” su identidad estaba cargada de desafíos.

Hay un frío que enmudece / todo es oscuro, / nos confunde / el ciprés crecido a medias, / el grito de la noche cuando llueve / y el otoño amarillento / vencido por el viento. / Convocada por el Creador / Fuiste a su encuentro, / presurosa como siempre, por servir.

Bibliografía

De La Rosa Tórrez, Laura Graciela. Mi Visita a las Trincheras y Zanjas del “Velo”. Ed. La Paz. Año 1934.

Fuente: LA PATRIA
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