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Domingo 15 de mayo de 2011

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Cultural El Duende

EL MUSICO QUE LLEVAMOS DENTRO

Panorama musical europeo del siglo XVIII

15 may 2011

Fuente: LA PATRIA

El siglo XVIII significó el equilibrio entre la polifonía y la monodia. Contó con figuras como Bach, Haydn, Mozart, Rameau, Haendel y Gluck. Se prodigó el bel canto y la ópera bufa seguida de la ópera cómica y la ópera seria. La música instrumental se enriqueció con la sonata y la sinfonía, cuyos rasgos rebasaron todo lo producido hasta entonces.

La música dramática francesa. Su mayor representante fue Jean-Philippe Rameau que publicó en 1723 Tratado de Armonía. Entre sus creaciones resaltan Hippolyte et Aricie, Les lndes galantes, Castor et Pollux y Dardanus. Asentó las bases de la armonía clásica y realzó el valor del recitativo acompañado; sus arias fundieron la acción teatral con los coros; las oberturas, sinfonías, preludios e interludios anunciaron la sinfonía dramática de Berlioz. Con la danza y los ballets que renovaban la ópera, Rameau hizo de ésta un espectáculo variado.

La ópera bufa. Los antecedentes de este género se manifiestan en misterios medievales. Durante las ferias de San Lorenzo se representaban en forma parodística, melodías de óperas y canciones populares. En 1728, el alemán Johann Christoph Pepusch fundó la Beggar’s Opera de carácter jocoso. Cuando Nápoles interrumpió la ópera seria con intermezzi cómicos, surgió renovadora La serva padrona de Pergolese que dio lugar a una contienda entre bufonistas que celebraban tal innovación, y antibufonistas que pretendían mantener la tradición impuesta por Lully.

La ópera cómica. Afirmando la tendencia bufonista, el escritor, filósofo y músico Jean-Jacques Rousseau, produjo en 1752 Le devin du village. También cultivaron el género Egidio Romoaldo Duni, François-André Danican (Philidor), Nicolas Dalayrac, André-Ernest Grétry, Martini il Tedesco y Pierre-Alexandre Monsigny. Esta corriente halló prosélitos en Alemania bajo la denominación de Singspiel, donde sobresalió Johann Adam Hiller, en cuyas producciones representaba papeles de campesinos, lacayos y burgueses, acompañadas de canciones populares. Las arias quedaban reservadas para personajes distinguidos. También cultivaron el género Johann André, Johann Friedrich Reichardt y Christian Gottlob Neefe, que fue en Bonn maestro de Beethoven.

El reformador Gluck. Por sus innovaciones, Voltaire afirmaba que el idealista Christoph Willibald Gluck junto con Luis XVI, crearían un nuevo siglo. Su primera obra fue Artaserse; en Viena conoció al libretista Raniero de Calzabigi con quien coincidió sobre la necesidad de oponer la sinceridad al lenguaje artificioso del arte lírico napolitano, así surgió Orfeo y Eurídice; Alceste; Ifigenia en Áulide, Orfeo, Alceste y Armida.

Gluck y Piccini. Los filarmónicos de la época se dividieron en dos bandos: gluckistas, apoyados por la reina María Antonieta y Rousseau, y partidarios de la ópera italiana como Du Barry, D’Alambert y Marmontel. En 1776, Piccini fue a París para contender con Gluck frente al libreto Ifigenia en Táuride. Gluck venció a su rival aunque después fracasó con Eco y Narciso, sin embargo, fiel a la naturaleza y a la expresión de los sentimientos, con sus producciones anunció la aurora de Rossini. De su parte, Piccini estrenó Didon y pronto conoció a su nuevo rival Antonio Sacchini, autor de Dardanus.

Contemporáneos y sucesores de Gluck. Destacan Johann Joseph Fux, Johann Adolf Hasse, Domenico Cimarosa, Giovanni Paesiello (autor del Barbero de Sevilla que luego fue superado por el Barbero rossiniano), Ferdinando Paër y Antonio de Salieri, este último profesor de Beethoven y Schubert. En París triunfaron Luigi Cherubini, Gaspare Spontini, François-Joseph Gossec, Etienne-Henri Méhul, Niccolo Issouard, François-Adrien Boieldieu y Jean-François Lesueur que influyó en la formación de Berlioz. Cherubini se granjeó la admiración de Haydn y Beethoven, mientras que Spontini sobresalió con sus óperas Hernán Cortés y La Vestale.

Fuente: LA PATRIA
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