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Domingo 15 de mayo de 2011

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Cultural El Duende

La madre

15 may 2011

Fuente: LA PATRIA

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Era la década del 80, una época dura y de cambios en la estructura política del país; García Meza asumió la presidencia luego de un sangriento golpe de estado, se declaró el toque de queda de las 10 de la noche a las 6 de la mañana, algo que unió a la familia boliviana, ya que todo ser humano estaba obligado a pernoctar en cualquier lugar bajo techo o sería detenido y arrestado, generalmente en coliseos, canchas de básquet, etc. En aquellos lugares, los noctámbulos terminaban de pasar la noche jugando a la pelota, al cacho o a las cartas; cualquier juego era válido para matar el tiempo y disimular el frío. Allí fue a parar Facundo, quien tenía alma de bohemio, le gustaba la noche, era amante de las bellas artes con dotes de artista consumado.

Mientras lo conducían a empujones por los callejones, pensaba lo que había dejado atrás… Joanna, una bellísima mujer que saliendo a escondidas de su casa se fue con él al amparo de las sombras. Cada instante al lado de Joanna valía una vida: la tranquilidad de su rostro, la seguridad de tener al ser amado en su lecho y la fidelidad nunca dicha, jurada en silencio, hacían de ella una mujer singular. ¡Ah! Qué fortuna la suya…

De pronto, arrancado abruptamente de sus pensamientos a la orden de: “¡Adentro carajo!”, se vio en el patio principal rodeado de otros que corrieron similar suerte. Enseguida inició conversación por la curiosidad humana natural que indaga si alguien tuvo peor fortuna, para sentirse mejor o para contar sus cuitas. Allí conoció a alguien que escuchó atentamente sobre sus intenciones con el arte, realizó un dibujo en un trozo de papel arrugado con un lápiz que hasta ese momento servía para anotar el escore de las cartas. Al observador llamó la atención el toque sutil de sus bosquejos que se diferenciaban de cualquier dibujo y exaltaban arte. Facundo poseía ese don sin haber asistido a ningún centro de formación, la proporción de sus rasgos, la expresión de los rostros, era algo inusual. Siguió, siguió y siguió, hasta que al fin escuchó una proposición: “Visítame en esta dirección y veremos qué puedo hacer por ti”. El interesado era Director de la Escuela de Bellas Artes” y no sólo le ofreció ayuda, sino que cumplió con su palabra y mucho más.

Esta acción le costó perder a Joanna, pues desde ese día antepuso su carrera al amor. La joven sufrió el alejamiento de Facundo, parecía que en cada cita daba un paso a la vez, las conversaciones ya no eran de interés, sólo hablaba de sus proyectos en los que no la incluía; su mirada no iba dirigida a ella sino al infinito. Un buen día no volvió más, dejando un vacío que la joven creía no poder llenar, sin embargo, algo dentro le daba esperanza y fuerzas.

Se acarició el vientre, se miró al espejo y vio sus pecas. Sí, se miraba, y se daba cuenta que cada día se ponía más bella, el futuro ya no era incierto, sentía que tenía los pasos medidos para alcanzar su objetivo, hacer feliz a su bebé, lograr que la extensión de su vida viva los valores que ella practicaba. Salió de su hogar para evitar las incomodidades que produce una madre soltera en nuestra sociedad acostumbrada a satisfacer a los que juzgan sin conocer motivos. Se perdió en la inmensidad de lo desconocido y esperó pacientemente a que su bebé diera la señal de luz.

Cuando llegó el día, acudió al hospital más cercano y realizó su primer control prenatal; naturalmente recibió la reta del médico de guardia, pero como ya había comenzado su trabajo de parto y las contracciones se hacían cada vez más sostenidas y frecuentes, la recibió y ayudó en sus menesteres. La gente a su alrededor veía en Joanna a una mujer fuerte rodeada de un aura que se irradiaba infinitamente. Todos vieron llenarse de luz la sala de partos el momento en que el bebé nació. Al cortar el cordón umbilical, se había roto el nexo anatómico, pero ella sintió que otro nexo más fuerte la unía con el ser querido... Ella había nacido y aquel enlace de amor colmó de vida el lugar…Ella había nacido y sus pequeños pulmones se llenaron de aire, comenzó a respirar no con un llanto de añoranza del vientre materno, sino con un llanto de victoria en su camino hacia la vida.

Jesús C. Cano C.

Fuente: LA PATRIA
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