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Domingo 27 de septiembre de 2015

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Revista Dominical

Legendarias vetas e impactos de la invasión chilena en Pulacayo y Huanchaca

27 sep 2015

Everth Flores Montoya - Comunicador Social e Investigador

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Los poblados dotados de minerales que durante la Colonia se denominaron las primeras ciudades de Bolivia según los capitalistas de entonces.

Actualmente se encuentran una gran mayoría abandonados, los efectos naturales del tiempo en otros casos derrumbaron sus construcciones y otra poblaciones mineras, enfrentan un franco proceso de destrucción y desaparición; el caso de dos legendarias poblaciones mineras Pulacayo y Huanchaca que en su época fueron el sostén absoluto de la economía nacional.

La invasión chilena a las ricas y extensas pertenencias de esta sociedad ha sido dividida en dos partes: los puertos de Antofagasta, Mejillones, Cobija (Sucre) Calama, así como las costas marítimas dotadas de guano colorado, salitre y los yacimientos de cobre fueron apropiados por Chile y la otra parte de la Compañía Huanchaca se encuentra en Bolivia tras los sucesos de 1.879 condenados a la miseria, la postergación.

El impacto de la llamada "Guerra del Pacífico" ha creado "muros de injusticia" desconectando a las aspiraciones bolivianas con los países del mundo, derivando en la aplicación de modelos liberalistas, ha enfrentado los efectos de la relocalización, la globalización, migración de su gente y finalmente las familias de miles de ex trabajadores de la estatal Comibol se involucran al neocolonialismo como consecuencia de la práctica del nomadismo" a partir de Sud América.

Haciendo una síntesis del resumen histórico de estas legendarias poblaciones podemos afirmar que Entre 1.614 a 1.620, el sacerdote Álvaro Alonso Barba conocido como "el cura de San Bernardo" logró conocer la ubicación de los minerales de Huanchaca y Pulacayo, determinando un potencial mineralógico en una compleja historia de pasiones, apetitos dispares, pero expuestos a los cruentos castigos de los fenómenos naturales de la indómita altura, el frío, sin embargo, era incesante su tarea de conquistar cada comunidad y en cada poblado conquistar el alma de cuanto indígena encontraban a su paso.

Los levantamientos indígenas y la consigna de no revelar los lugares donde existen potenciales yacimientos de minerales, comprometió al último inca Atahuallpa, este fue muerto a garrotazos considerando el grado de traición dentro la estructura del imperio.

El año 1770, debido a la sublevación de Tupaq Katari y Tupaq Amaru, nuevamente se producen hechos de sangre en defensa de estos recursos no renovables y los indígenas determinan tapar todas las vetas, entre ellas la Veta Tajo una de las más importante de la época por la pureza de sus minerales de plata.

Como consecuencia de las sublevaciones de 1782, surgieron otros enfrentamientos sangrientos en defensa del salitre; las batallas por la defensa del guano, la Veta Tajo, fue tapada en 1770 a 1793. Centenares de indígenas de la región de Huanchaca, Pulacayo, Tolapampa, Tomave y originarios de los ayllus Yura ofrendaron sus vidas defendiendo los parajes de estos minerales regionales y las riquezas naturales como el guano, salitre y el azufre.

Las guerras empobrecían más a esta región por su inestabilidad. Sus incidencias en su economía les convertía cada vez más dependientes de la actividad anglosajona que les absorbía para el acopio azufre en los Lípez, de guano y salitre en poblaciones de Antofagasta, Calama y Tocopilla. Paralelamente crecían irremediablemente las huellas ecológicas, es decir, los agricultores abandonaron las siembras, la crianza de llamas, ovejas , mulas y otros auquénidos formando una nueva sociedad por demanda de mano de obra para la explotación de dichos recursos naturales dentro y fuera de las minas.

Las guerras entre liberales y republicanos de 1820 a 1825, la guerra por la independencia de Bolivia, sumado a los engorrosos problemas de inversión de capitalistas extranjeros provenientes de Inglaterra, España o finalmente Chile, en inminente afrenta a sendos procesos judiciales, estafas, deudas o reclamo de propiedades y dividendos al interior de la Patria en proceso de consolidación, prolongaron la conformación de una representación legal de la Compañía Huanchaca y la explotación inicial de la Veta Tajo.

En 1833 Mariano Ramírez, potosino que invirtió sus capitales como principal accionista, y nativo de Tolapampa, nacido en Ubina, con experiencia minera previa en su pueblo natal, se asoció con dos inversionistas, el comerciante chileno José Santiago Portuondo, y el minero orureño José Ignacio del Río, para comprar el ingenio de Huanchaca de su anterior dueño el Coronel Manuel Antonio Tardío. Paradójicamente los chilenos socios según el registro de la propiedad de minas y acciones sobrepasan el número de cincuenta entre ellos figuran Joaquín Dorado, Melchor Concha y Toro (hermano de Edward Concha y Toro), Luis Warny y Hermann Fisher.

La Compañía de Salitres y Ferrocarril, dependientes de Huanchaca con asiento en Antofagasta, tenían como socios a Alejandro Fierro (Ministro de de Relaciones Exteriores de Chile); Cornelio

Saavedra, Ministro de Guerra; Rafael Soto Mayor, Ministro de Campaña durante la primera fase; Francisco Vergara, Ministro de Guerra y Marina, según el testimonio "Oficial Report of the Fleet of Mejillones Bayo on the october 1.879" (traducido al castellano).

Los acontecimientos en la Sociedad Huanchaca en 1842, progresivamente la Compañía Huanchaca , durante los barones del estaño en el caso específico de Hochschild, Aniceto Arce o la estatal Comibol para muchos es una leyenda del pasado en la que Mariano Ramírez fue pionero de la minería colonial, las preparaciones para explotar las riquezas del cerro y el hallazgo de las cuatro vetas: Tajo, Corpus, Ánimas y Santo Tomás, explotándose mínimamente la primera " (Veta Tajo) que sin duda es el filón más poderoso que se conoce en Bolivia, teniendo por término medio cuatro pies de ancho y en extensión considerable se ensancha hasta 21 pies de metal puro" es certificada recientemente el asiento mineral más importante del país desde su hallazgo en la segunda mitad del siglo XIX. ?stos proyectos se consideraron "obras para el futuro según Mariano Ramírez.

En 1879 Chile invadió las costas marítimas, inicialmente las propiedades de Huanchaca en Antofagasta como forma de rechazo al incremento de 10 centavos a los impuestos para la exportación de guano. Paralelamente los capitalistas ingleses de manera sutil se apoderaron ilegalmente de los ingenios mineros so pretexto de salvaguardar los bienes e infraestructura de la pionera Empresa de Ferrocarriles cuya extensión comprendía Antofagasta hasta Huanchaca ( Pulacayo) de Bolivia.

Huanchaca fue una Fundición de Plata complementaria y estratégica que se encuentra al sur de la ciudad de Antofagasta, perteneciente históricamente a la Provincia Litoral del departamento de Potosí en la que figuraban capitalistas chilenos, bolivianos e ingleses, esta empresa llegó a procesar más de 200 toneladas diarias de plata. Se empezó su construcción el año 1.888 y su funcionamiento comenzó en 1.892, al año siguiente ya entregaba los primeros lingotes de plata. La Compañía Huanchaca en el lado de Bolivia ha sido limitada a ser extractivista y mono productora de materias primas, paralizó sus operaciones en el año 1.902 por el surgimiento de ideas socialistas que trascendió el Periodista y Diputado chileno Emilio Recabarren desde Chile y se proyectó a todas las dependencias de la histórica Huanchaca en Bolivia, y progresivamente con la formulación de los acuerdos de 1.094 los capitalistas chilenos inventaron una serie de pretextos para deshacerse de las responsabilidades económicas sociales y bloqueando el desarrollo del país. En 1947 los mineros (FSTMB) celebran en Pulacayo el primer congreso de la Minería Nacional, sus resoluciones sindicalistas asumen la nacionalización de las minas en abril de 1959, a partir de entonces se alejan los capitalistas.

Las ruinas de Huanchaca en dicho país, forman parte de la historia económica de Chile, declarada monumento nacional el 7 de enero de 1.974 por el consejo de monumentos nacionales al que asisten diariamente centenares de turistas del mundo, reconociendo su gran valor patrimonial e importancia que tuvo para la industria metalúrgica de esa región y este vecino país. La parte de Huanchaca de Bolivia quedó al olvido incluso por todos los gobiernos de Bolivia y el fuerte impacto negativo en desmedro de sus habitantes como consecuencia de la invasión y la cultura de enclaustramiento a la que han sido sometidas estas poblaciones mineras catalogadas irónicamente como yacimientos ricos por la existencia de vetas estratégicas como la Veta Tajo al que recientemente presentaron interés de explotación empresas norteamericanas y canadienses que se vieron involucradas en negociados con el sector corporativizado de Pulacayo, en medio de campamentos pobres.

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