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Domingo 16 de marzo de 2014

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Revista Dominical

Una breve monarquía en Bolivia

16 mar 2014

Fuente: LA PATRIA

Por: Vicente González Aramayo Zuleta

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Probablemente la mayor parte de la gente del país

ignora que Bolivia tuvo un período, si bien corto, pero

auténtico de monarquía, es

decir, hubo rey, aunque parezca mentira.

Cuando España extendía su tenebroso dominio sobre los territorios de América, después de asesinar y saquear los imperios, avasalló también las tierras orientales tropicales que eran parte de la Real Audiencia de Charcas. Toda esa vasta región comprendía desde los límites del Paraguay hasta el Acre. Tierra cálida, fértil y hermosa, surcada por grandes ríos y selvas llenos de vida, donde la gente también debe luchar a brazo partido por la supervivencia, igual que en la puna y en la montaña, sólo que con sendos métodos. Hacía ya más de dos siglos que se había fundado la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. La parte urbana era pequeña aún, de población escasa bajo una propia metafísica, en casas rústicas de adobe, techadas con teja española, y cercana al río Piraí. El llamado “camba”, buscaba acomodarse al medio, antes de buscar refinamientos de tipo europeo. La gente de origen ibérico, contrariamente a lo que aconteció en la parte occidental, había llevado a sus mujeres, de modo que al no suceder la cruza, ni mestizaje, fue el comienzo de la diferencia de occidentales y orientales, en los fenómenos de la existencias. Aquella gran región estaba sembrada de misiones jesuíticas, para el desarrollo del Evangelio cristiano. En una de ellas situada en el Paraguay, patria chiriguana, también hubo pugna entre España y Portugal.

Era el año 1808, Napoleón Bonaparte había invadido España, puesto en fuga al rey Don Fernando VII, que se refugió en Sevilla, e imponiendo a su hermano José en el trono del país invadido. Como existiera ya el embrión de un movimiento revolucionario, los patriotas en ciernes de Chuquisaca aprovecharon aquel acontecimiento, y porque la misma Real Audiencia se hallaba sin saber qué actitud asumir, para proceder a la asonada, y entre ellos los hermanos Zudáñez, Lemoine, Alzérreca, y otros quienes tomaron preso al presidente de la Real Audiencia, Ramón García Pizarro. Era el 25 de mayo de 1809, En La Paz también hubo este mismo movimiento el 16 de julio con Pedro Domingo Murillo. Ambos movimientos fracasaron, pero como el sentimiento patriótico había calado hondo, consideraron que ya no se podía volver atrás, y nació la guerrilla.

Se organizaron cinco focos guerrilleros que equivalían a cinco republiquetas siendo las más importantes la de Manuel Ascencio Padilla y su esposa Juana Azurduy, en el oriente, de José Miguel Lanza, en Ayopaya, y de Ildefonso De las Muñecas en La Paz. Es entonces que en Santa Cruz surgió la concepción independista. Allí también se había organizado la lucha contra el dominio peninsular, de modo que la lucha que duraría quince años fue general en el Alto Perú. En Buenos Aires se había formado una Asamblea denominada Junta de los países del Plata, para atraer la atención también de los cruceños, quienes habían ostensible aversión a la región altiplánica, o legítimo Alto Perú. Durante la guerra uno de los realistas que había descollado en su saña contra los patriotas era el brigadier Francisco Xavier Aguilera. Por otra parte el Brasil, donde gobernaba el príncipe Pedro, hijo del rey Juan de Portugal quien, asistido en sus ambiciones por Carlota pretendía apoderase de una vasta región de la Chiquitanía. En medio de sospechosos actos salidos de las intrigas estaba el verdugo Goyeneche, que parecía jugar a dos cartas: por un lado y muy secretamente a favor de Carlota y por otra del rey Fernando VII. Portugal tenía también problemas con Buenos Aires, y había concentrado sus propósitos ambiciosos en región denominada Banda Oriental (Uruguay).

El movimiento independista cruceño cada día cobraba más fuerza. Decían que debía crearse un nuevo país: Santa Cruz y sus cinco provincias. Vallegrande parecía la plaza mayor. En 1824 Sucre derrotó definitivamente a los españoles en la Batalla de Ayacucho, lo que significaba la independencia de varios países del cono sur. Llegó el Ejército Libertador a Oruro, donde debió redactarse, según los planes de los libertadores el decreto de proclama de la independencia del Alto Perú, pero los colombianos con Sucre pasaron a Potosí y Charcas, y porque parece que ya comenzaron a influir las intrigas políticas. Nino Gandarilla señala que aparecieron justamente dos históricos intrigantes: Casimiro Olañeta y Vicente Seoane, a quienes conocieron como los de “doble cara” (1). Particularmente el primero de ellos que caminaba pegado a la capa de Sucre para influirle en aciertos y desaciertos. Pero debía crearse ya no más la nueva república del Alto Perú. Así como los mismos altoperuanos le manifestaron a Sucre su deseo de ser independientes tanto del Perú como del Plata, los cruceños, querían su independencia por doble partida: de España y del Alto Perú. En suma, no querían ser parte de lo que sería la república de Bolivia. En la guerra de Independencia habían surgido varios hombres probos, réprobos, caudillos y héroes… y los cruceños mantenían su deseo de ser totalmente independientes. Y hasta acataron en cierto modo a las ambiciosas pretensiones del fatídico brigadier Aguilera, quien desde Vallegrande se colocó al frente de los independistas cruceños, con el propósito de lograr el mando y el poder, en un probable nuevo país.

El ejército cruceño había contribuido también a la independencia en la guerra general y particularmente en Florida, Santa Bárbara y el Pari, evidentemente con Warnes, José Manuel Baca (Cañoto). Como antecedente citaré a Gandarilla, quien anota: “Aguilera compartía con Olañeta la ideología absolutista monárquica rechazando a los constitucionalistas y liberales como La Serna, Valdez, Canterac, y los otros jefes que habían tomado parte del derrocamiento de Pezuela en 1821 (2). Luego dice: “En el mes de julio el general Valdez se dirigió hacia esa región y estableció negociaciones con Aguilera pidiéndoles que se mantenga al margen de la guerra. Como Aguilera está indeciso acerca de quien ganaría esta batalla entre los ejércitos españoles, aceptó el pedido para mantenerse inactivo. Proyectaba esperar el desenlace final” (3). Esta actitud expectaticia de Aguilera mostraba su profundo interés en el poder que podía caerle del cielo, mostraba ya las uñas de gavilán, bien afiladas. Habiendo conocido en Santa Cruz la derrota del ejército realista en Ayacucho, en febrero de 1825 se proclama la independencia de Santa Cruz. El 15 de febrero se redacta el Acta: “Sala Capitular de Santa Cruz, 15 de Febrero de 1825. (Suscriben) José Manuel Mercado, Marcelino Montero. Antonio Suárez, José Manuel Baca, José María Ramos, José Manuel Ramos, Juan Manuel Melgar Antonio Vicente Seoane, Nicolás Cuéllar, José Reyes Oliva, José Ignacio Méndez, Rafael del Rivero, M. J. Justiniano, José Lorenza Moreno. Tomás Marañón, José Manuel Vásquez, Nicolás Mercado, Juan Hurtado, Juan Áñez”. No obstante aún no se consolidaba la Independencia, porque todo se encontraba en un conglomerado de contradicciones entre autonomistas, nacionales y realistas: es así que en fecha 5 de marzo de 1825 hubo crisis en el gobierno por la llegada de los interventores, que virtualmente interrumpieron la Independencia.

El 28 de marzo de 1825 el gobernador de Chiquitos, Sebastián Ramos capitaneó un levantamiento contra El Alto Perú. Esa proclama levantisca lleva el siguiente párrafo. “Hasta que evacuada la América o el reino del Perú del poder revolucionario comandado por los sediciosos Simón Bolívar y Antonio José de Sucre sea reconquistado por las armas de su majestad Católica y reclamad por dicho soberano o un general a su real nombre (…) la provincia, sus frutos y demás que hay de sus temporalidades, la manufactura y adelantamientos serán considerados del erario de su majestad” (4). Esta proclama fue bien aprovechada, el 3 de abril, se subleva en Vallegrande el ejército cruceño contra los mandos del Alto Perú. Como puede verse, la tendencia de una gran parte de los cruceños era hacia los remanentes monárquicos y su alejamiento del Alto Perú. Aguilera y otros nostálgicos realistas se aprovechaban del carácter vernacular de los cambas. Les hicieron ver la creación de la república altoperuana como una hidra espantable. De ese modo fermentó el movimiento de apoyo a la monarquía española, que era la mejor opción. Aprovechando también de la inestabilidad de la nueva república en ciernes, como algún político ha dicho: “la república de Olañeta”.

Sin embargo, creada la nueva república el 6 de agosto de 1825, debía consolidarse, pero Aguilera y otros prosiguieron en su afán de prolongar el dominio español. Era ya una conspiración. Señala Gandarilla que el brigadier realista comprometió a muchos patriotas y sinceros equivocados como Francisco Suárez, Rafael Salvatierra que debía declararse monárquico al movimiento cruceño. Y organizó un batallón de 180 hombres. Pero el Batallón de Cazadores, comandado por el coronel Anselmo Rivas leal a la nueva república derrotó a Aguilera. El brigadier huyó a Vallegrande, repuso fuerzas y proclamó la monarquía de Santa Cruz y sus cinco provincias: Vallegrande, Moxos, Chiquitos y Cordillera. En fecha 26 de octubre de 1928 Aguilera se nombra “General en Jefe del Ejército”. A todas luces y se constituye en monarca de Santa Cruz, bajo la siguiente Proclama: “Vallegrande, 28 de Octubre de 1828, Francisco Xavier de Aguilera, General en Jefe del Ejército Real, al Cnel. Don Anselmo Rivas. Ayer a las cuatro de la mañana tomé posesión de esta plaza, con el objeto de restablecer el respeto y obediencia a los más sagrados derechos de la religión católica, rey y patria, y en obsequio de esto y la humanidad tengo a bien decir a V.S. que rinda las armas de su mando a mi disposición (…), le extenderé seguro pase como a los demás individuos para el destino de su agrado (…) considerando a V.S. ya situado en el pueblo de Samaipata. Espero su contestación en el término de cuatro días, o de ocho, si se halla más distante. “Sin embargo de que ya no era posible establecer una colonia española, Aguilera consiguió situarse como una prolongación de la monarquía española como monarca de Santa Cruz. Fue rey, pero su locura le duró poco. Sucumbió al poder del país altoperuano. Gandarilla escribe: “Casi seis días duró el gobierno monárquico de Aguilera. Después de un breve combate logró fugar ileso, pero fue delatado y fusilado” (6).

BIBLIOGRAFÍA:

(1-6) GANDARILLA GUARDIA, Nino, “200 años, bicentenario de la Independencia de Santa Cruz”. Centro de Estudios

Nacionales; Santa Cruz de la Sierra, 2010.

Fuente: LA PATRIA
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