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Domingo 24 de febrero de 2013

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Revista Dominical

Creación musical en la vida de Arturo Peñaranda Bohórquez

24 feb 2013

Fuente: LA PATRIA

Por: Marlene Durán Zuleta - Licenciada, Poeta e Investigadora de la cultura orureña

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La música es otra expresión del arte, comparten esta manifestación compositores y músicos. Este oficio es parte de la cultura y está dividido al igual que la literatura en varios géneros. Sin embargo lo que consigna al desarrollo intenso de lo nuestro, es un emporio, una riqueza ilimitada de sonidos y quien escuche en cualquier instrumento musical, sentirá vibrar hasta lo más recóndito del corazón e incluso puede llegar al extremo del llanto.

Las notas musicales hacen retornar al pasado, seducen en el tiempo. El canto rememora la edad en la que hubo algún romance o despedida. Es la comunicación melodiosa o triste que puede renovar o deteriorar algún sentimiento.

Se nota que existe constancia, nuestra música nacional ha cultivado la armonía, es una caricia para el oído. Esta etapa ha dado más movimiento en ritmo y ha enriquecido aumentando algunos instrumentos, los mismos que le dan otra tónica, es decir la recepción es grande por la melodía, y hasta el indiferente si no baila, o canta, mínimamente con algún signo muestra su complacencia y participa de ese instante.

Cuando nos ausentamos del país, después de un tiempo escuchamos ritmos bolivianos, al prolongarse nuestra estadía sentimos extenderse un grito interno de emoción, de añoranza y de tristeza. Nos identificamos con el pensamiento elevado de los peregrinos, juglares, libre pensantes de los signos zodiacales, del ensueño, de la muerte. Magos de la palabra, de la gracia y del alba.

Recordamos al territorio eterno que no se olvida, o finalmente aún estando en la Patria que es nuestra Madre, percibimos y vivimos todas las emociones plasmadas en música y canto. Inspiraciones basadas en el recorrido de nuestra geografía, historia que nos identifica en esperanza.

Hacen varios años atrás, no había protección de las composiciones musicales, existía vulneración de derechos, sin embargo, en el artículo 27 de la Declaración General de los Derechos del Hombre de las Naciones Unidas señala: “Todo hombre tiene derecho a participar libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar del arte y a tomar parte en el progreso científico y los beneficios que acarrea consigo. Todo hombre tiene derecho a que se protejan los intereses morales y materiales que sean resultado de cualquier producción científica, literaria y artística, cuyo autor sea él mismo”.

Sobre la atribución y el resguardo intelectual es elogioso hacer referencia, y sin especulaciones, que los autores (vivos) reciben aunque en mínima cuantía un monto económico de una composición que es difundida y los otros (fallecidos), es la familia la que ha de percibir los dividendos.

Con respeto y conociendo el campo de la música en la que incursionó el autor autodidacta, nuestra ciudad inquieta por sus habitantes, desborda en este suelo varios espacios que inspiran a escribir y/o cantar, él sorprendido por el ensueño y el fuego que habita en los corazones orureños entregó con sutileza las meditaciones y reverencia de sus dulces composiciones.

El compositor Arturo Peñaranda Bohórquez, nació en Oruro el 29 de agosto de 1922, cursó sus estudios en el Colegio Simón Bolívar de nuestra ciudad. Se graduó como Arquitecto de la Universidad Zierz de Buenos Aires. Formó su familia con la dama Alicia Gutiérrez Arce y nacieron tres deseos, tres sueños, tres amores: Freddy (Ingeniero Civil), Nancy (Arquitecto como su padre) y Elizabeth que aproximadamente hacen 20 años radica en Estados Unidos.

Don Arturo, amigo entrañable del señor Ángel Valera Cámara, con quién solía reunirse para jugar póker junto a su cumpa Soruco y al Prof. Eulogio Marañón, que regentaba la materia de matemáticas en el Colegio Anglo Americano. Su domicilio de siempre en la calle Washington era centro de actividad cultural, se imponía la música que ofrecía mucha comunicación.

Sin medir el tiempo se dedicó a la creación literaria para después poner música a esa vocación que había cultivado desde su juventud. Era más conocido como “Pato Peñaranda”. Su talento le permitió formar parte de conjuntos musicales junto a cantantes orureños de renombre a nivel internacional como Raúl Shaw Moreno. La emisora que tenía un programa especial y daba espacio a los artistas era Radio el Cóndor, allí don Arturo acompañado de los Ases Andinos rubricó su participación con todos los lauros que cobraron fuerza.

“Pentagrama Nacional” con los “Ases Andinos”, cuyo estreno esperado y de valor discográfico recorrió no solo Bolivia, compatriotas que se ausentaron de la Patria, llevaron consigo el disco de vinilo para escuchar la música boliviana y recordar a nuestro terruño.

Todas las composiciones armoniosas, el mensaje sencillo pero con estilo han marcado en don Arturo, su carisma y amor por este horizonte.

Raúl Alba primera voz y tercera guitarra, Willy Murillo tercera voz y primera guitarra y Pacífico Aliaga segunda voz y segunda guitarra conformaban “Los Ases Andinos”.

Sin duda el L.P. permanece en la memoria de tan querido personaje como fue don Arturo Peñaranda, la lira que la naturaleza le prodigó, lo aproximó sin límite a desmenuzar lo que encerraba el terruño, le recordaba que cada travesía tenía un episodio, los manjares como el rostro asado de esta digna ciudad, “Oruro, joya engarzada en el Mar seco del Ande, cual orquídea florecida en el desierto, reclinada la cerviz en los sinuosos cerros de mil leyendas y refrescadas sus plantas en el manso y fértil aparecido por milagro, es tierra de singular encanto e inagotable venero de riqueza espiritual, de cuyo majestuoso ancestro y sutil policromía nutren poetas y músicos las raíces de su numen creador”.

Innegablemente y sin duda alguna, el Maestro que compuso el verso y la música, pionero en enriquecer ordenadamente el acervo nacional fue Gilberto Rojas Enríquez. Dedicó honda e infinitamente con júbilo su pasión por cada departamento de Bolivia, aportó con un ánfora de melodías inspirado en el corazón de este cielo orureño.

Es posible que la luz de don Gilberto haya iluminado al arquitecto Peñaranda Bohórquez, sin embargo, no puedo dejar de resaltar y recordar a grandes orureños ricos de palabra que han escrito letra y música como Jach’a Flores y otros. No hay duda, Oruro inefable, aporta con la lucidez de sus hijos. Desde todos los calendarios, augurios que giran donde existe espiritualidad, paciencia y vocación.

El epígrafe que sustenta el “Pentagrama Nacional”, es armonía, camino a la comprensión del ciudadano, evoca afecto, meditación por la palabra que condensa nuestra identidad con el quirquincho conocido más allá de las fronteras de Bolivia, los arenales precisamente donde habita este armadillo; el rostro asado manjar apetecido que aunque sea una sola vez en la vida prueba el que se asoma a nuestro territorio. El Faro de Conchupata, linterna que ilumina, guía de este horizonte, han sido inspiraciones sin secreto de Arturo Peñaranda.

En la presentación del sello musical, se hace referencia: “No intervino en la grabación de este disco el director del conjunto Sr. Julio Rodríguez Berríos, por encontrarse en gira artística por el exterior. Junto a los Ases Andinos, complementando la tonalidad instrumental y vigorizando el colorido musical de la placa, han participado en la grabación el maestro Julio Edmundo Molina (contrabajo) y el artista Carlos Reynolds (órgano electrónico, piano y acordeón), con el acompañamiento rítmico del baterista Osvaldo Rico Mérida”.

Músico de corazón creó otro himno para los orureños y no orureños, “Oruro querido”, cuya letra y música llega hasta el alma cuando describe con sutileza a esta urbe.

Don Arturo querido. Ha dejado seis bellas composiciones comprendiendo que a través de la música transmitía su pensamiento a varias generaciones, hoy otra vez se replica como tañido de campana, el mensaje, llega y se queda en la verdad de los sentimientos “mi linda ciudad, todos te queremos con devoción”.

“Oruro querido” (carnavalito), “Si la ven” (cueca), “Desde el Faro” (cueca), “Tú Dirás”, “Diablos y Morenos” (carnavalito) y “Noches de Dolor” (cueca), es el legado perpetuo de este horizonte.

Bibliografía

Datos proporcionados por la Familia Peñaranda y Sonia Lazzo.

Hamel y Hurlimann. Das Atlantisbuch der musik. Traducción Dr. Otto Mayer Serra. Tomo 3.

Fuente: LA PATRIA
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