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Domingo 29 de enero de 2023

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Cultural El Duende

Charles Simic

29 ene 2023

Charles Simic (Belgrado, 1938 - Dover, 2023) Poeta serbio estadounidense. Ha publicado: Selected poems (1963-1983), Unending Blues (1987), El mundo no se acaba (1990) y la antología Poesía (1962-2020), entre otros.

Mil a√Īos de soledad

Al anochecer

Cuando deja de nevar

Nuestras casas se levantan

Muy por encima de la tierra

En el silencioso espacio

Al que ni el ladrido de un perro

Ni el grito de un p√°jaro, llegan.

Somos como los antiguos marineros:

Nuestros cuerpos son el océano

Y el silencio es el bote

Que Dios nos ha dado

Para nuestro largo y desconocido viaje.

Enero

Huellas de ni√Īos

en la ventana helada

de una peque√Īa escuela.

Un imperio, leí en alguna parte,

se mantiene gracias a

la crueldad de sus prisiones.

El amante

Cuando yo vivía en una granja, escribía cartas de amor

para los pollos que picoteaban en el patio,

o me sentaba en la letrina escribiendo a una ara√Īa

que enmendaba su tela sobre mi cabeza.

Fue cuando mi esposa se largó con el cartero.

Los vecinos se marcharon, también.

Su cerda y sus lechones chillaban

mientras corrían detrás del camión de la mudanza,

como lo hizo aquel espantapájaros que una vez até a un árbol

para que tuviera que escucharme.

La silla

Esta silla fue una vez alumna de Euclides.

El libro de sus leyes reposa sobre su asiento.

Las ventanas de la escuela estaban abiertas,

De suerte que el viento volteaba las p√°ginas

Susurando las gloriosas pruebas.

El sol se puso sobre los dorados tejados.

Por todas partes las sombras se alargaron,

Pero Euclides no dijo nada de eso.

Gente chiflada

Estos días sólo los pájaros y los animales

est√°n cuerdos y merece la pena hablar con ellos.

No me importa esperar a que un caballo

deje de pastar y me escuche.

Incluso un √°rbol es mejor compa√Ī√≠a.

Un roble orgulloso de sus ramas

cargadas de hojas demasiado corteses

como para dirigirse a un extra√Īo con m√°s que un susurro.

Un cuervo sería un buen amigo.

√?se al que le he echado el ojo

me conoce bien, pero ahora se

ha entretenido con algo que ha encontrado

en el patio de mi vecino, al examinar

la tierra chamuscada donde

hace a√Īos sol√≠an deambular una docena de gallinas

y un gallo que cacareaba todo el día. 

Oh, gran cielo estrellado 

Al que van nuestros pensamientos

como vendedores de biblias de puerta en puerta,

sólo para verlas

cerradas de golpe en sus caras.

Escena callejera

Un muchachito ciego

con un letrero de papel

prendido en su pecho.

Demasiado peque√Īo para estar fuera

mendigando solo,

pero allí estaba.

Este extra√Īo siglo

con sus matanzas de inocentes,

su vuelo a la luna,

y ahora él aguardándome

en una ciudad extra√Īa,

en una calle donde me perdí.

Al oírme aproximar,

se sacó un juguete de goma

de la boca

como para decir algo,

pero no lo hizo.

Era una cabeza, la cabeza de un mu√Īeco,

muy mordisqueado,

la levantó para que la viera.

Los dos sonrieron con una mueca.

En la Biblioteca

Hay un libro llamado

‚??Diccionario de √Āngeles‚?Ě.

Nadie lo ha abierto en cincuenta a√Īos,

lo sé, porque cuando lo abrí

sus tapas crujieron, las p√°ginas

se derrumbaron. Allí descubrí

que los ángeles habían sido una vez tan numerosos

como especies de moscas.

El cielo al ocaso

Solía estar espeso de ellos.

Había que agitar las manos

para mantenerlos apartados.

Ahora el sol brilla

a través de las altas ventanas.

La biblioteca es un lugar apacible.

√Āngeles y dioses se apilaban

en libros oscuros no abiertos.

El gran secreto est√°

en alg√ļn estante junto al cual la Srta. Jones

pasa todos los días en sus rondas.

Ella es muy alta, de modo que mantiene

su cabeza inclinada como si escuchara.

Los libros est√°n susurrando.

Yo no oigo nada, pero ella sí.

√?ltimo picnic

Antes de que lleguen las lluvias de oto√Īo

Vay√°monos de picnic una vez m√°s

Ahora que las hojas cambian su color

Y la hierba sigue verde en algunos lugares

Pan, queso y algunas uvas negras

Deben ser suficientes,

Y una botella de vino tinto para brindar por los cuervos

Intrigados de encontrarnos ahí sentados.

Si hace fr√≠o ‚??y lo har√°‚?? voy a estrecharte.

La noche llegar√° temprano.

Miraremos al cielo, esperando encontrar una luna llena

Para iluminar nuestro camino a casa.

Y si no hay ninguna, pondremos toda nuestra fe

En tu caja de cerillos

Y mi sentido de la orientación

Mientras nos vamos a tientas por la oscuridad.

De¬†Charles Simic se ha dicho que su voz es una de las m√°s intrigantes de la poes√≠a norteamericana de las √ļltimas d√©cadas. Que en sus escritos no hay distancia entre lo l√ļdico y lo l√ļcido. Que su poes√≠a es c√≥mica y elegiaca a partes iguales. Que hay tanta poes√≠a, si no m√°s, en su autobiograf√≠a¬†(Una mosca en la sopa)¬†o en sus libros de prosa miscel√°nea¬†(El flautista en el pozo: ensayos reunidos 1972-2003)¬†como en sus vol√ļmenes de versos¬†(Hotel insomnio, Mi s√©quito silencioso, El mundo no se acaba y otros poemas).¬†Sus m√°s de treinta t√≠tulos de poes√≠a le han valido distinciones como el Premio Pulitzer o el cargo de Poeta Laureado de Estados Unidos. Elpais.com

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