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Viernes 09 de diciembre de 2022

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Editorial y opiniones

DESDE LA TIERRA

LA MARCHA DE LOS CAMBAS DESCALZOS

09 dic 2022

Por: Lupe Cajías

En estos días se hacen recuentos de batallas localizadas en las tierras bajas de Bolivia. Sin embargo, no se nombra la gran gesta de 1990, la Marcha por el Territorio y la Dignidad. Originarios de la llanura consiguieron convencer al país sobre dos asuntos centrales para el futuro de todos los bolivianos: la necesidad de convocar una Asamblea Constituyente y la urgencia de defender los bosques, afectados por el negocio maderero y el creciente tráfico de drogas.

Esa protesta se origin√≥ en territorios que hasta entonces hab√≠an tenido espor√°dicas experiencias de reclamos sociales, con poca repercusi√≥n nacional. Los ind√≠genas de las llanuras caminaron hasta tocar la puerta del poder central. Sin da√Īar a nadie, su sacrificio les cost√≥ solamente a ellos: llagas, enfermedades, p√©rdidas, abandonos.

Mientras ascend√≠an por sierras y monta√Īas, decenas de bolivianos de toda condici√≥n √©tnica y econ√≥mica se adhirieron a su compromiso. As√≠ la larga hilera de descamisados se aproxim√≥ a las alturas. Sin plantear ultim√°tum a otras personas, sin poner plazos a otros movimientos sociales, consiguieron el respaldo nacional.

Al llegar a las cumbres nevadas, a casi 5.000 m.s.n.m., pobladores andinos de poncho y ojotas los recibieron con abrazos, m√ļsicas y flores en una de las escenas m√°s conmovedoras en mis 40 a√Īos de periodista.

La historia de las marchas de Oriente hacia Occidente tuvo varios capítulos hasta 2011. La defensa del Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure denunció al mundo el desmantelamiento de las áreas protegidas bolivianas. Mostró la impostura de los discursos. Los represores fueron premiados con cargos internacionales.

Ese método heroico y democrático tuvo su antecedente en la epopeya de los trabajadores mineros que partieron desde sus centros de trabajo hacia La Paz en agosto de 1986. La dolorosa Marcha por la Vida fue la despedida del glorioso movimiento del proletariado ilustrado. Una experiencia bordada por mártires y héroes anónimos. Fue abortada con las amenazas de bombardear a la masa concentrada en Calamarca y con un gran despliegue de militares y tanquetas.

Mientras, en Santa Cruz de la Sierra, un grupo de estudiantes o reci√©n egresados de la Universidad Aut√≥noma Gabriel Ren√© Moreno decidi√≥ llamar la atenci√≥n de sus paisanos sobre lo que pasaba con el despido masivo de mineros. Con la llamada ‚??Marcha de los Cambas Descalzos‚?Ě buscaron sentirse parte de Bolivia desde una regi√≥n generalmente indiferente con las luchas sociales de otros lares.

Quiero recordarlos porque fue ese el gran momento para reflexionar al pa√≠s desde la regi√≥n en clave de democracia: Pedro Caj√≠as de la Vega, pace√Īo, hijo y nieto de cruce√Īos, benianos, migrantes europeos y con una larga estirpe relacionada con allegados de √?uflo Ch√°vez en el siglo XVI; Alejandro Colanzi, abogado, cruce√Īo descendiente de italianos y cambas, quien este mes fue declarado Doctor Honoris Causa en la Universidad Cristiana por su trayectoria humanista; Humberto ‚??Beto‚?Ě Costas, hermano de Rub√©n, de largas ra√≠ces orientales y consecuente combatiente contra los abusos; Oscar Ruiz, igualmente comprometido con lo social; Jorge Arturo Valverde, hijo del l√≠der falangista Carlos Valverde Barbery, joven pionero en la resistencia civil pac√≠fica.

Partieron desde la plaza principal de la ciudad hacia el santuario de Cotoca, acompa√Īados por casi un centenar de religiosos y laicos, en pleno estado de sitio. Descalzos. Sin afectar a nadie con su protesta simb√≥lica. Caminaron sin tregua hasta la tarde. Una misa, un sacerdote y una bendici√≥n. Las l√°grimas por la impotencia eran m√°s dolorosas que los pies destrozados.

En todas esas movilizaciones pac√≠ficas, la presencia de la Iglesia Cat√≥lica y de otros creyentes fue fundamental. Monse√Īor Jorge Manrique evit√≥ la masacre entre Sica Sica y Patacamaya, cuyos preparativos me toc√≥ escuchar cuando los militares detuvieron a un sacerdote, una embarazada, un profesor y a esta periodista por ayudar a los marchistas.

Tal como registr√≥ Jorge Sanjin√©s, en cada tramo, con los primeros celajes del alba, encabezaba la despedida minera un hombre cargado con una enorme cruz; atr√°s iban como vanguardia las amas de casa mineras, varias embarazadas, como las mujeres que acompa√Īaron al Nazareno en su √ļltimo recorrido terrenal.

Obispos del Beni y de Santa Cruz bendijeron las partidas de los guaran√≠es, moje√Īos, trinitarios, chimanes en el d√≠a dedicado a la Virgen Asunta, en sucesivos 15 de agosto para que esa Madrecita los cuide.

Fieles seguidores del Evangelio acompa√Īaron a los cinco cambas descalzos. Su sacrificio no detuvo la implementaci√≥n del modelo acu√Īado en el D.S.21060 pero abri√≥ profundos cauces para que los habitantes de Santa Cruz, m√°s all√° de la Plaza 24 de Septiembre, se comprometan con las luchas sociales en otros extremos de la patria.

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