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Domingo 22 de abril de 2012

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Revista Dominical

La otra guerra civil

22 abr 2012

Fuente: La Patria

Por: Vicente González Aramayo Zuleta

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Así fue denominado otro acontecimiento acaecido en nuestro país, y comenzaremos por ver algunos antecedentes, no muy remotos:

Después de Enrique Peñaranda entró a gobernar el mayor de ejército, Gualberto Villarroel. Era un buen hombre, por lo menos bien intencionado; llevó a cabo el Primer Congreso Indigenal. Su gobierno no era socialista, pero tenía algún tinte de esta doctrina. Solía decir: “No soy enemigo de los ricos, pero soy más amigo de los pobres”. Pero, como ha sucedido en muchos gobiernos en el mundo, ha tenido personal subalterno que lo ha perdido, Lamentablemente ese personal en muchos países se halla formado por desalmados sicarios, en una policía política, que suele cometer desmanes, y hasta crímenes, sin que la cabeza se entere, creyendo que así sirven mejor al régimen, o lo hacen por su cuenta. Podría incluirse en ellos a los ministros de Gobierno, del Interior. Así fue lo que aconteció en el gobierno de Villarroel, pero tuvo también otro grave compromiso con la sociedad y el Estado: Fueron inmolados en el barranco de Chuspipata, en el camino a Yungas, notables personajes. Ellos fueron Félix Capriles, Luis Calvo, Demetrio Ramos, Carlos Salinas, Rubén Terrazas; y en Challacollo, Oruro, Paccieri y los hermanos Brito, Se salvó por un pelo Ovidio Quiroga, por haber pasado a Chile. El gobierno de Villarroel estaba compuesto por dos alas: una era la Radepa (Razón de Patria). Ésta era una logia constituida por militares que actuaron en la Guerra del Chaco, éstos se hallaban visiblemente afectados por la derrota de Bolivia en ella. Según Arguedas, aún conservaban su arrogancia secular, cuando después de haber sido firmada la tregua, desfilaron en La Paz, apuntando a la gente que rodeaba la plaza, con el armamento que no supieron usarlo, como diciendo “a ver quién nos pide cuentas”. Ellos eran Nogales, Barrero, Calero y otros. La otra ala del gobierno estaba formada por miembros del Movimiento Nacionalista Revolucionario, con Víctor Paz Estenssoro, Monroy Block, Céspedes, Nogales, principalmente. Este partido político había nacido precisamente como resultado de las meditaciones que dicta la conciencia frente a un problema como fue la guerra; la formación de una doctrina que tenía que ser necesariamente nacionalista y revolucionaria. Este partido tuvo grandes ideólogos y hombres de caro pensamiento y gran formación como Carlos Montenegro (el teórico), Augusto Céspedes, (gran escritor), Cuadros Sánchez, Roberto Méndez Tejada, Walter Guevara, Hernán Siles Suazo, y otros. Por entonces el poder de la oligarquía minera se hallaba asaz fortalecida, como un castillo feudal impenetrable, apoyado por partidos políticos de derecha que eran el PURS y el Liberal. Los partidos de oposición y el pueblo, mismo los conocían como “La Rosca”. La ideología política del gobierno de Villarroel no era conveniente a esa rosca paranoica, principalmente a quien perdía la paciencia, y éste era el semita y potentado minero Hochschild, uno de los tres propietarios de las minas de estaño de Bolivia. Fue fácil a la oligarquía buscarle tres pies al gato, y un buen pretexto para atizar al pueblo contra Villarroel, fueron los sacrificados en Chuspipata y Challacollo. Pero el ingenuo Villarroel tuvo algo más en su contra: fue tachado de filonazi, cuando aún latía la convulsión bélica en el mundo. La Segunda Guerra Mundial había concluido en 1945, consecuentemente no podía caber ni la sombra del nazismo en el mundo, tampoco podía quedar nadie que habría simpatizado con la Alemania nazi. Quizá por eso Perón aceptó a Paz Estenssoro en la Argentina, porque se sabe que el dictador argentino era filonazi. La situación política se complicó, la tensión subió. Se generó violencia, aparecieron civiles armados, hubo encuentros con sangre, y la tensión volvió a subir; esta vez al rojo vivo. El 21 de julio de 1946, fue atacado el Palacio de Gobierno, Villarroel fue asesinado por una chusma feroz, conjuntamente con sus colaboradores Hinojosa, Uría de la Oliva, y el bravo Waldo Ballivián. Todos fueron colgados en faroles frente al palacio. Poco después Igualmente fueron linchados Escobar, Eguino y Oblitas, calificados como los inescrupulosos esbirros y matones del régimen. A juicio propio fue un acto inaudito, la suprema vergüenza, que soportó Bolivia ante el consenso internacional. Los colaboradores emenerristas huyeron a tiempo, ninguno fue tocado; se asilaron en la Argentina. A la caída de Villarroel se formó una junta de gobierno provisional, presidida por Tomás Monje Gutiérrez, presidente a su vez de la Corte Superior de Justicia de La Paz. En 1946, mientras gobernada la junta, se produjo la famosa Declaración doctrinal de teóricos en Pulacayo, denominada la “Tesis de Pulacayo”. En esta convención, se observó la situación del país, y lo que necesitaba hacerse y era una revolución profunda, sin grandes cambios estructurales, porque también estaba dado el caldo de cultivo para una gran revolución. Se trató sobre la necesidad de nacionalizar las minas, de hacer una reforma agraria, el voto universal, la reforma educativa y otras medidas. Quiénes aportaron con grandes proyectos fueron connotados miembros del trotskismo, y el principal fue Guillermo Lora, del POR, y de otras tiendas políticas de izquierda, naturalmente ideas propias de un partido revolucionario maduro. Las medidas que se pusieron en mesa eran ciertamente audaces, pero posibles todos esos postulados, aunque por el momento, quizá poco practicables, sin embargo, deberá conducirse la tesis básicamente a la necesidad de la toma del poder.

La junta convocó a elecciones generales, en año 1947. Se presentaron tres partidos políticos: El Partido de la Unión Republicana Socialista (PURS), con la fórmula Hertzog-Urriolagoitia; el Partido Liberal (PL), con la fórmula Guachalla-Francovich y el Partido de Izquierda Revolucionario (PIR), con la fórmula Arze-Anaya. No hubo mayoría absoluta, de modo que el congreso asignó el poder al binomio Hertzog-Urriolagoitia. Enrique Hertzog prestó juramento como Presidente de la República: era médico, más que político, era pursista, o, miembro de uno de los partidos del llamado después “del sexenio”. Los siguientes meses y años hubo disturbios y problemas políticos, En 1948, en Potosí y otros distritos manifestaciones y balaceras; la situación no era estable en el país, se respiraba una atmósfera de malestar. En mayo del año 1949, estalló una gran huelga en Catavi. El presidente Hertzog, más sensible que el vicepresidente Urriolagoitia, sintióse acorralado; resultaba incapaz de tomar medidas drásticas que podían traducirse en represiones por la fuerza y generar derramamiento de sangre. En cierto modo hubo presión sobre el presidente, quien manifestó hallase bajo una depresión profunda. El vicepresidente, tomó esta acción como una necesidad de relevar a Hertzog, le “aconsejó”, de una manera impositiva eufemística que se recluyera en una clínica de reposo y lo envió a Irupana, precisamente a una clínica que para el efecto existe aún en esa región paradisíaca. Luego Mamerto Urriolagoitia tomó el mando, se impuso con mayor muestra de energía, y envió varios regimientos a Catavi. En este distrito minero fueron tomados rehenes los gerentes y técnicos de la empresa, por los trabajadores enfurecidos y casi alienados. Entre los rehenes estuvo el General Manager, o gerente general O’Connor, y según contaron, cometieron desmanes con la esposa de este ciudadano norteamericano y, él mismo y otros, fueron asesinados. Catavi era grande y constituía el primer grupo minero de Patiño. Era: la “Patiño Mines Enterprises Consolidated Incorporated”, que comprendía Catavi, Siglo XX, Uncía. Ese fines de mayo los regimientos bombardearon varios lugares de Catavi, el camino hacia Llallagua y la sede del Sindicato quedaron reducidos a escombros; hubo unos quinientos muertos, entre militares y mineros. Claro, los trabajadores mineros llevaron la peor parte. Después de esta masacre hiciéronse presentes en el lugar el presidente Urriolagoitia acompañado del general Ovidio Quiroga, que fue quien comandó las operaciones y elogió al regimiento Andino Cuatro, con asiento en Catavi. Lamentaron la muerte, entre otros oficiales del mayor Ely Céspedes.

Pacificada la situación política y social del país, el Dr. Enrique Hertzog Garaizabal ya no volvió a la presidencia y, hacia fines de agosto de 1949, militantes del Movimiento Nacionalista Revolucionario intentaron la toma del poder, en varios actos de ocupación de oficinas y cuarteles y radios. Ocurrió en casi todos los distritos del país, excepto en La Paz, error que lamentarían mucho. Urriolagoitia, con sus medios de propaganda y todo lo que pudo contrarrestó el intento, calificó de aventura criminal al golpe, e instó al pueblo a salir a las calles y aplastar dicho intento revolucionario de un partido calificado como criminal desde 1946. Los diarios de La Paz, publicaron en encabezamientos que se había declarado la guerra civil y debían alistarse y tomar las armas los ciudadanos desde los veintiún años hasta los cincuenta. Fueron también intervenidas radios y comenzaron a difundir por cada lado sus glosas doctrinales.

Este movimiento ha sido declarado como otra guerra civil en Bolivia, aunque hubo también violencia, no participaron todos los ciudadanos bolivianos. El Gobierno hizo uso de la fuerza militar, bombardeó varios aeropuertos del país. Santa Cruz se hizo plaza fuerte con el MNR. Hubo allí un militar de parte de este partido. El Gral. Félix Tavera. Una radio cruceña se burló del presidente Urriolagoitia diciendo. “¡...Chivo (le decían por la barba que se gastaba Urriolagoitia)…en el bombardeo de esta mañana mataste una vaca que nos la comimos en tu nombre…!” Cuando le insultaban por radios intervenidas revolucionarias o clandestinas al presidente, éste respondía: “¡…seré chivo, pero no cabra de nadie…! Los siguientes días de lucha y resistencia, fueron cayendo los distritos en poder de los revolucionarios; llegó un momento en que sólo faltaban Potosí y Santa Cruz, entonces se pudo ver, lamentablemente que en Potosí se concentró la llamada guerra civil. Esta villa resultó la plaza más fuerte de los revolucionarios. Los mineros de allí parecían los más aguerridos y decididos a quemar sus vidas en el intento. Los primeros días del mes de septiembre de 1949, fueron destacados varios regimientos a Potosí. Los revolucionarios esperaban ya bien armados, con las armas que habían secuestrado en la toma del cuartel de aquella villa donde estaba asentado el regimiento Manchego. El día sábado 3 de septiembre, tropas del Ejército desembarcaron en la quebrada de San Bartolomé; eran tropas de infantería y de acompañamiento (se llamaban así porque llevaban morteros Brandt 81 mm). Cuando intentaron los soldados ingresar por aquella rojiza garganta de piedra granítica, fueron recibidos por un nutrido fuego de ametralladoras y fusiles, lanzado por los grupos de mineros revolucionarios posicionados en lugares estratégicos de las alturas, de aquellos colosos pétreos; virtualmente les cerraban el paso. Entonces los militares emplazaron morteros y con su tiro curvo, lanzaron las granadas a los focos ubicados de ametralladoras, pero los tiradores de estas Vickers, se iban de inmediato al lugar donde caía la granada de mortero, bajo el principio silogístico de las ecuaciones militares en sentido de que donde cayó la granada ya no volvería a caer otra. Pero tras dura batalla las tropas del Ejército lograron perforar la resistencia, se abrieron paso y llegaron el domingo 4 por la mañana al cuartel, donde también hubo resistencia, pero con la aplicación de la logística militar y la cantidad, los revolucionarios fueron rebasados, la mayor parte de ellos huyó, pero -contaron que varios fueron allí ya fusilados, estando rendidos. En las acciones del cuartel cayó mortalmente herido el estudiante del colegio De Pichincha, Samuel Peña, hijo de uno de los docentes de ese colegio.

Pasó el domingo, y esperaban atacar los únicos focos de resistencia que quedaban del MNR, y estaban en la plaza, principalmente en la alcaldía, se veía desde a abajo el brillo de las armas que blandían los mineros atrincherados en las ventanas. En la madrugada del lunes 5 y desde el cuartel, fueron lanzadas granadas de mortero por encima de la ciudad. Los tiros eran bien reglados y llegaban a la Alcaldía, lo mismo que a los balcones de la Prefectura haciendo impactos en las paredes y destruyendo los hermosos balcones tallados. Como se tiene dicho, el mortero es un arma de tiro curvo, y su granada podía pasar al objetivo, por encima de todas las casas que se hallaban entre el cuartel y la Alcaldía. Por la plaza y calles aledañas y por el mismo boulevard circulaban voluntarios que ayudaban al Ejército, acarreando cajones de municiones Pocos eran los civiles de los llamados facciosos, que aún quedaban sosteniendo armas, y disparaban desde sus escondites. A las cuatro de la tarde y cubiertos siempre por fuego de mortero, ingresaron a la Plaza de Armas de Potosí cinco regimientos por cada calle de acceso, disparando contra los focos dispersos de resistencia, y tratando de concentrar el fuego contra la alcaldía. El regimiento Colorados emplazó al lado de la catedral un cañón de 65 mm, para tiro frontal, pero por descuido, según se supo después, de los sirvientes de la pieza, ésta reventó en pedazos, mató a un soldado e hirió al Cnl. René Santa Cruz, quien nunca pudo prescindir de sus muletas metálicas. Después de esta guerra fue prefecto de Potosí. La tostadera de balas siguió con encarnizamiento por parte del ejército. Radios leales y revolucionarias, seguían trasmitiendo propaganda furibunda; unos alentaban a sumarse a la lucha por los derechos postergados de los trabajadores, otros a resistir a los golpistas y colaborar con el Ejército, que hacía el papel de libertador de las ciudades ocupadas. Desde la base del monumento a Alonso de Yañez (apellido correcto) dispararon ráfagas de metralla a la ventana del teatro Omiste, por los revoltosos. Daba pena ver cómo las balas, igual diminutos cincelillos picaban los preciosos relieves y bajorrelieves tallados en piedra de la portada de ese teatro, pero los que disparaban desde adentro fueron silenciados. Empero, lo más dramático que me tocó ver, porque estaba allí cuando era alumno del colegio De Pichincha, fue cuando tomó el Ejército la Alcaldía. Salieron rendidos, con las manos en alto, cinco desarrapados hombres. Parecían espantapájaros, tenían los ojos enrojecidos y un bollo de coca en los carrillos. No fue respetada ni su rendición, allí mismo fueron fusilados, sin juicio, siquiera sumario. Hubo entre los espectadores de esta barbarie muestra de condenación aún, valientemente… “¡son héroes estos hombres!”… dijeron. Los días siguientes fueron perseguidos muchos otros, y también fusilados En el cementerio se veían cuerpos insepultos, rociados con creolina. Según la gente, muchos fueron inmolados sin culpa,

La plaza de Potosí fue recuperada por el gobierno; Santa Cruz capituló pronto… la guerra civil había terminado. Urriolagoitia convocó a elecciones generales en 1951. Tenía la seguridad de prolongar el poder del PURS, con Gabriel Gozálvez. En estas justas participó el MNR, pero, ante la sorpresa de muchos y del propio Urriolagoitia, el vencedor fue el partido que había combatido con tanta saña. Entonces, en lugar de entregar el poder al vencedor, lo entregó a Ovidio Quiroga, comandante del Ejército. Este militar formó una junta militar de gobierno presidida por el Gral. Hugo Ballivián Rojas. La Revolución del 9 de abril de 1952 derribó el gobierno de la junta militar. Ése es ya otro capítulo.

Muy posteriormente La historia de esta guerra civil, la escribí y la ilustré en forma de historieta, me la compró la Universidad de Potosí. Tenía yo diecisiete años.

(*) Abogado, Escritor Nacional, historiador, ex catedrático universitario de la UTO, Miembro de Número de la Academia de Ciencias Jurídicas, Miembro de UNPE, Miembro de la Sociedad Geográfica y de Historia de Oruro, Cineasta.

Fuente: La Patria
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